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XXVI Domingo del Tiempo Ordinario. Ciclo B

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0.- Introducción: Uno de los apóstoles, Juan, vio expulsar demonios en nombre de Jesús a uno que no era del círculo de los discípulos y se lo prohibió. Al contarle el incidente al Maestro, se oye que Él responde: «No se lo impidáis… El que no está contra nosotros, está por nosotros». Se trata de un tema de gran actualidad. ¿Qué pensar de los de fuera, que hacen algo bueno y presentan las manifestaciones del Espíritu, sin creer aún en Cristo y adherirse a la Iglesia? ¿También ellos se pueden salvar?

1.- A favor del ser humano. En el Libro de los Números Moisés desea que todo el pueblo reciba el espíritu del Señor: “¡Ojalá que todo el pueblo del Señor fuera profeta!”. Jesús no impide que otros hagan el bien en su nombre, más bien lo estimula. El objetivo es establecer y construir el Reino de Dios en este mundo. Muchas personas, sin saberlo, son cristianos anónimos. Son personas que luchan para que los Derechos Humanos se respeten en el mundo, comprometidas con las ONG y otras asociaciones benéficas. Nadie debe tener el monopolio de hacer el bien, como tampoco nadie tiene el monopolio de la gracia que Dios regala, ni siquiera la Iglesia. El esfuerzo del cristiano a favor de la justicia y de la paz debe unirse al de otras organizaciones que persiguen el mismo fin: hacer un mundo más humano. Nosotros lo llamamos Reino de Dios, o “civilización del amor” (Pablo VI). Otros hablarán de “un mundo mejor”. Da igual, lo importante es que se haga realidad la voluntad de Dios de que todos los hombres vivamos como hermanos. Jesús reprueba la actitud de sus discípulos. Jesús rechaza la postura sectaria y excluyente de sus discípulos y adopta una actitud abierta e inclusiva donde lo primero es liberar al ser humano de aquello que lo destruye y hace desdichado. Fuera de la Iglesia católica hay en el mundo muchos hombres y mujeres que hacen el bien y viven trabajando por una humanidad más digna, más justa y más liberada. Hemos de sentirlos como amigos y aliados, nunca como adversarios. No están contra nosotros, pues están a favor del ser humano, como estaba Jesús.

2.- El Apóstol Santiago nos está hablando a lo largo de su carta de no quiere la fe sin obras. Hemos estado leyendo esta carta en las últimas semanas y en los últimos párrafos de su Carta –los de este domingo– condena toda clase de opresión. Va a reclamar los salarios de los trabajadores frente a los desmanes de los ricos. Como puede verse estamos siempre en el mismo sitio. La acumulación de riquezas lleva al abuso. Es ese amor cristiano lo que tiene que impedirnos que abusemos de nuestros hermanos. Hay un impresionante mensaje de concordia social en el Evangelio. El amor al prójimo impide la injusticia, pero también el engaño, la mentira y el escándalo. La dureza de las palabras de Santiago responde a la crueldad y dureza de los delitos de quienes al tener el poder abusan de los más débiles. Como decía antes profetiza con la fuerza y la rotundidad de muchos profetas del Antiguo Testamento.

3.- Aunque no sea de los nuestros.  El evangelio de este domingo, como el pasado, nos presenta, una vez más algunos defectos de los apóstoles. Defectos que con la ayuda divina fueron superando a lo largo de su vida. Ejemplo y aliento para nuestra vida personal, tan llena con frecuencia de pequeñas o grandes faltas. También nosotros las podremos superar si luchamos y pedimos con humildad la ayuda del Señor. Juan fue, sin duda, un hombre apasionado. Por eso quizá era tan amigo de Pedro y tan querido por el Maestro, que tanto aprecia la entrega total, y tanto abomina las medias tintas. Llevado de su carácter apasionado, Juan quiso impedir a uno que no era de los suyos, que echase a los demonios en nombre de Jesús. Se creía tener la exclusiva, le molestaba que otro hiciera el bien sin ser de su grupo. Jesús recrimina al discípulo amado su conducta. El que no está contra nosotros -le dice-, está a favor nuestro. Más tarde, también San Pablo se mostrará abierto y compresivo con quienes, sin tener siempre la debida rectitud de miras, predican el Evangelio. Con tal de que se predique a Cristo, que importa todo lo demás. Ojalá aprendamos la lección y no nos dejemos llevar por la celotipia. Que no estorbemos jamás el apostolado de los demás, simplemente porque no son de los “nuestros”.

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