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XXI Domingo del Tiempo Ordinario. Ciclo B

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0.- Introducción: La palabra de Dios nos convoca este domingo a tomar una decisión trascendental: ¿somos de Cristo o nos desligamos de Él? Lógicamente, los que hemos acudido a celebrar la Eucaristía es porque nos consideramos discípulos suyos y queremos seguirlo.

1.- Si no os parece bien servir al Señor, escoged hoy a quién queréis servir (Josué 24, 1-2a. 15-17.18b ). También Josué les preguntó a las tribus de Israel si querían servir al Señor, o si preferían servir a los ídolos. “Yo y mi casa, les dice, serviremos al Señor”. Y todo el pueblo respondió: “¡Lejos de nosotros abandonar al Señor para servir a dioses extranjeros! También nosotros serviremos al Señor: ¡es nuestro Dios!” También hoy a nosotros, los cristianos de este siglo XXI, se nos propone frecuentemente la misma pregunta que propuso Josué a su pueblo: ¿queréis servir a Dios, o preferís servir a vuestros actuales ídolos? Y la verdad es que la respuesta de nuestra sociedad no es la respuesta de las tribus de Israel. Los ídolos de nuestro tiempo llenan más estadios y ocupan más espacios en los medios de comunicación que los predicadores del evangelio de Cristo. ¿Por qué los ídolos actuales tienen palabras de vida eterna? No, porque nuestra sociedad está tan obsesionada con nuestra vida temporal, que no tiene tiempo, ni ganas, de pensar y creer en la vida eterna. ¡Es una pena! Siquem es el lugar del  propósito. Mirando a oriente a su izquierda tienen el monte Ebal y el Garizín a su derecha. Hay que escoger. Les habla con franqueza, les recuerda su historia, las creencias de sus ancestros, pero pone el acento en la Fe en su Dios, que desde su padre Abraham, profesan y reciben de Él ayuda. Deben escoger. Escoger siempre es renunciar a algo. Se lo recuerda. Ellos se comprometen. Para recordar su pacto, Josué levanta una piedra y la clava en el suelo. Será testimonio, será exigencia radical. (esto último, la piedra, no está en el fragmento proclamado hoy, pero pertenece y se escribe a continuación en el mismo libro bíblico)

2.- Maridos, amad a vuestras mujeres como Cristo amó a su Iglesia (Ef 5, 21-32 ). San Pablo, para explicar esta afirmación, dice una frase que hoy a más de un joven cristiano le puede parecer fuera de lugar. En concreto, san Pablo dice: “porque el marido es cabeza de la mujer, así como Cristo es cabeza de la Iglesia”. Hoy día nos resultaría difícil admitir que el marido sea cabeza de su mujer y que, consecuentemente, debe amar a su mujer porque, lo mismo que Cristo es cabeza de la Iglesia, él es cabeza de su mujer. Lo de amar a la mujer con entrega y generosidad sí lo entiende cualquier marido cristiano, pero lo de amar a la mujer porque él es cabeza de la mujer como Cristo es cabeza de la Iglesia les parece difícil y complicado. Es cierto que, bien explicado, lo de amar a la mujer como Cristo amó a su Iglesia, viene a ser lo mismo que lo de amar a la mujer con entrega y generosidad máxima. Pero esto requiere mucha explicación. Los tiempos de san Pablo no son nuestros tiempos y, consecuentemente, las palabras y los signos que eran claros en tiempos de san Pablo puede ser que hoy no sean tan claros. Afortunadamente, la mujer tiene hoy unos derechos y una consideración social que no tenía en tiempos de san Pablo. Esto es algo de lo que nos alegramos todos los cristianos y debemos tenerlo en cuenta en todos los momentos, y muy especialmente cuando hablamos de las relaciones que deben tener los maridos con sus mujeres.

3.- Señor, ¿a quién vamos a acudir? (Juan 6,60-69). Tú tienes palabras de vida eterna. No sólo fue Pascal, el gran filósofo y matemático francés, el que dijo que la fe religiosa es una apuesta personal conveniente desde un punto de vista estrictamente racional; antes y después de Pascal ya lo habían dicho y hecho otras muchas personas creyentes y responsables. Yo creo que el mismo San Pedro, en este famoso texto que hoy comentamos, decidió seguir a Cristo porque le parecía la solución más conveniente y razonable para él y para sus compañeros. Sí, ya sé que Cristo le dice a pedro que ha sido el Padre el que le ha empujado a tomar esta decisión, pero, en definitiva, esto no es más que decirle que ha sido el Padre el que le ha aconsejado bien. Lo bueno de san Pedro es que en este caso sí se ha dejado conducir por el Espíritu, que “es el que da vida”. La razón última que le ha llevado a san Pedro a tomar esta decisión de seguir a Cristo es que, entre las dos opciones posibles, esta es la más aconsejable, porque sólo Cristo tiene palabras de vida eterna. No hay duda de que lo que Cristo les había dicho sobre el pan de vida y sobre la necesidad de creer en él para obtener la vida eterna era difícil de creer, era “un modo de hablar duro”, pero, si no creían a Cristo ¿a quién iban a creer? Algo de esto nos pasa a los cristianos del siglo XXI: seguir a Cristo nos parece una decisión difícil y arriesgada, pero si no apostamos por Cristo ¿por quién podemos apostar? ¿Por nuestros políticos, o por nuestros científicos, o por la selección española de fútbol? Sólo Cristo tiene palabras de vida eterna; todo lo demás son palabras pasajeras y, en muchos casos, tramposas y vacuas.

4.- Abandono eclesial. En el punto de partida del abandono de la práctica eclesial, de una u otra forma, está presente la experiencia que ya formulaban los que dejaron a Jesús: “Este modo de hablar es duro, ¿quién puede hacerle caso?” (Jn 6,60-69). Las dificultades entonces tenían que ver no sólo con la doctrina de Jesús sino sobre todo con su persona y sus pretensiones de ser el enviado de Dios. Aunque hoy día la decepción, parece venir provocada por la realidad de la Iglesia, en el fondo lo que está en cuestión es la persona de Jesús y del mismo Dios mismo. La tendencia actualmente existente es la de querer relacionarse directamente con Dios y con Jesús sin la mediación eclesial. Ésta aparece muchas veces como un estorbo que se interpone en esa relación en vez de ser la realidad que nos introduce en ella. Para muchos incluso la realidad de Jesús o de Dios no les dice nada a la hora de buscar la felicidad y el sentido de su vida.

En tiempos de Jesús, la crisis afectó a la comunidad de los discípulos y tan sólo el núcleo más íntimo de los doce resistió, aunque poco después Jesús indicará que entre ellos está el traidor. Los que se quedaron tuvieron que tomar una opción consciente que fue formulada por Pedro: “Señor, ¿a quién vamos a acudir? Tú tienes palabras de vida eterna; nosotros creemos y sabemos que eres el Santo consagrado por Dios”. Los apóstoles han experimentado que sólo se puede descubrir a Dios en Jesús y dentro de la comunidad de sus amigos. Abandonar la comunidad de discípulos es echar a perder la posibilidad de encuentro con Jesús y con el Padre. En el fondo Pedro volvió a renovar la adhesión de los apóstoles a Jesús, que ya le habían manifestado en el momento de su llamada. Este renovar nuestra fe en Jesús es muy necesario precisamente en estos tiempos de encrucijada en que nos toca vivir cuando vemos la desbandada en torno nuestro.

5. Conclusión: Les dejo la interpretación del Coro del Pontificio Seminario Mayor Santo Tomás de Aquino: Mi mayor acierto. Intérprete: Francis Franco. Letras: Mons. Andrés Romero Cárdenas. Coros: Coro del Seminario. Producción: Barcas y redes.