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XIII Domingo del Tiempo Ordinario. Ciclo B

0.- Introducción: Creencia y confianza son dos pilares que, desgraciadamente, han dinamitado la sociedad del consumo y del bienestar a la que nos encontramos agarrados. ¿En qué tenemos confianza? ¿En quién y en qué creemos? Inseguridad en nuestros dirigentes y en muchas instituciones o la ausencia de confianza, de fe en alguien o en algo, aumenta nuestra vulnerabilidad. Nos hace más débiles. Sólo en Jesús debe estar cimentada nuestra esperanza. Con esta certeza comenzamos este domingo y el mes de julio, mes de los padres.

1.- ¡Dios ha creado al hombre para la vida! (Sab 1,13-15; 2,23-25): El Libro de la Sabiduría fue compuesto a mediados del s. I a.C. El autor de este libro, literariamente bello y teológicamente profundo, es un creyente judío alejandrino que cree en la inmortalidad y en la vida futura. El fragmento que proclamamos hoy está enmarcado en la parte primera cuyo tema general es una reflexión sobre la Sabiduría y la inmortalidad. La muerte no proviene de Dios, sino del enemigo del hombre que provocó el pecado en el mundo. Es ciertamente una declaración consoladora para todo hombre. Dios no hizo la muerte, ni se recrea en la destrucción de los vivientes; todo lo creó para que subsistiera.. Dios creó al hombre incorruptible, le hizo imagen de su misma naturaleza. La justicia es inmortal! Estas afirmaciones remiten y recuerdan las primeras páginas del Génesis donde se manifiesta el auténtico proyecto de Dios. El Dios verdadero es un Dios vivo y que crea para proyectar su vida y su ser feliz. Es una convicción profunda que recorre la Escritura. Esta revelación sale al encuentro de la preocupación más profunda del hombre: después de esta vida ¿qué nos espera? El autor de la Sabiduría contesta: la vida y la inmortalidad. Ésta será la respuesta de Jesús cuando le planteen la misma pregunta: los hombres serán como ángeles de Dios y están destinados a la resurrección. La firme esperanza de la humanidad, apoyada en la revelación de Dios, es saberse destinada a la vida sin fin en la inmortalidad y en la felicidad. Es una verdad segura y que necesitan los hombres de nuestro tiempo más que nunca.

2.- ¡Pablo desea captar la benevolencia de los corintios!” (2 Cor 8,7-9.13-15): Ya que sobresalís en todo… distinguíos también ahora por vuestra generosidad. Bien sabéis lo generoso que ha sido nuestro señor Jesucristo; siendo rico… se hizo pobre. Esta apelación al corazón de los corintios tiene para Pablo especial relevancia dadas las graves dificultades que se crearon entre él y su querida comunidad, por una parte y, por otra, para disipar las dudas que surgieron acerca de su persona y su misión entre los paganos proclamando la liberación de las exigencias judías para pertenecer a la Iglesia y participar en la salvación: circuncisión y prácticas mosaicas. Esta comunidad estaba enriquecida por muchos dones del Espíritu, ciertamente. Pero era necesario expresarlo a través de la generosidad en el compartir los bienes materiales. Es la razón profunda que mueve y empuja la comunión de bienes en la Iglesia. Y el modelo más profundo: Jesús. Quiso compartir con los pobres libremente, despojándose temporalmente de su rango de riqueza suma por ser Dios. Esta referencia disipa cualquier duda o dificultad en el compartir de los bienes. Por eso la comunión entre los cristianos es cristocéntrica y realista a la vez. Porque Jesús fue realmente pobre siendo realmente rico. Es un ideal, una utopía, pero posible desde la realidad humana de Jesús.

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3.- ¡El encuentro del hombre, atenazado por la muerte, con Jesús que proporciona la vida! (Mc 2,21-43): Se acercó un jefe de la sinagoga, que se llamaba Jairo, y al verlo se echó a sus pies, rogándole con insistencia: Mi niña está en las últimas; ven, pon las manos sobre ella, para que se cure y viva. Este breve relato del encuentro de Jairo con Jesús supone la convicción y seguridad en Jairo de que Jesús tiene poder para vencer la enfermedad y la muerte. Marcos pone especial cuidado en que esto sea bien entendido. Jesús se pone en camino hacia la casa de Jairo yéndose con él, acompañado de mucha gente que le apretujaba. Con el episodio de la mujer que padece flujos de sangre, Marcos introduce un nuevo elemento en su narración consistente en que las gentes saben que Jesús posee un singular poder contra la enfermedad. Y así lo cree la mujer. Jesús realiza milagros siempre a favor del bienestar humano. Pero no es su misión central hacerlo a través del milagro. Este sólo es un signo y anticipo de una liberación más global y completa que sólo se realizará a través de la Cruz. Porque en la cruz es liberado el hombre, principalmente, del miedo a la enfermedad y a la muerte puesto que éstas son manifestaciones de la limitación y caducidad actual e histórica del hombre. Pero en la Cruz aparece con todo su esplendor el amor del Dios de la vida que dura para siempre. Todo el itinerario terreno de Jesús está iluminado por la Cruz, según la visión teológica del evangelista Marcos. No es a través del triunfalismo pasajero y efímero de los milagros como el hombre conseguirá su total liberación de la muerte, sino a través de la oferta permanente del amor del Dios de la vida a través de la Cruz de Jesús. Esta nueva interpretación de la historia humana coloca al hombre en su verdadera dimensión frente a Dios y le ofrece la definitiva respuesta al sufrimiento y a la muerte que tanto le cuesta entender.

4.- ¡Basta con tener fe! (Mc 5, 21-24. 35b-43): Llegaron de casa del jefe de la sinagoga para decirle: Tu hija se ha muerto… No temas; basta que tengas fe. A lo largo de la Sagrada Escritura se nos enseña que la fe consiste en un encuentro personal con el Dios salvador e invisible que se manifiesta al hombre que suscita su respuesta confiada adhiriéndose a Dios. Marcos, un excelente narrador dramático, presenta una situación límite. La niña ha muerto. Ya no es necesario molestar al Maestro. Jesús sólo le pide al padre que siga confiando, a pesar de las evidencias en contra. Pronto descubrirá que Jesús no sólo tiene poder sobre la enfermedad (curación de la mujer con flujo de sangre), sino que también lo tiene sobre la muerte. Dios es el dueño de la vida y de la muerte. Y Él es su lugarteniente en la tierra. ¿Te lo crees así? Le dice Jesús. Deja de temer, basta con que tengas fe. La oferta de Dios llega a lo más profundo del hombre: al límite entre la vida y la muerte. Y su poder vivificante se manifiesta eficaz incluso en la propia muerte. Esta es la gran novedad de Jesús y del evangelio predicado por él con gestos y palabras.

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5.- ¡Niña, levántate! La niña se puso en pie inmediatamente. Marcos nos enseña en este acontecimiento dos verdades vitales para el hombre: la vida es posible incluso más allá de la muerte, y esto es una novedad total. Y segundo, que la vida y la liberación del hombre es integral, es decir, que alcanza a todo el ser del hombre y no solo a su parte espiritual. Esta es la respuesta que la humanidad necesita. Pero ahora se le ofrece sólo en el plano del signo. Más tarde la oferta será real y universal. Marcos ha logrado un clima altamente dramático en este relato complejo y tejido de dos acontecimientos que se suceden en el tiempo y en la intensidad teológica de la experiencia de fe: curación y resurrección. Sufrimiento y muerte. Siguiendo su modo peculiar de narrar, Marcos ha logrado transmitir su modo peculiar de comprender la fe en el Dios de la vida y dador de vida.