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X Domingo del Tiempo Ordinario. Ciclo B

0.- Queridos centinelas: Después de haber celebrado la Solemnidad de la Santísima Trinidad, hace dos domingos, y la del Cuerpo y Sangre de Cristo, el domingo pasado (aunque en algunos lugares la celebraron el jueves), hoy la liturgia nos presenta varios campos de reflexión para nuestro crecimiento espiritual. Nos centraremos en el pecado y en la incomprensión de la misión de Jesús.

 

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1.- «¿Dónde estás?» (Gen 3,9). La verdadera pregunta que Dios estaba haciendo fue, ¿por qué te escondes? Pero en su sabiduría y con un efecto pedagógico le pregunta a Adán: “¿Dónde estás?”. Por el tono de esta pregunta se muestra que Dios sabía exactamente en dónde estaba Adán, lo que había hecho, y en qué condiciones estaba, y por lo tanto era inútil tratar de esconderse después de haberle hecho caso a la serpiente y desobedecer a Dios. Dios estaba dándole una oportunidad para una confesión rápida.

Dios sabía del sufrimiento que le estaban causando a Adán todos estos nuevos sentimientos de vergüenza, remordimiento, confusión, culpa y miedo que dieron lugar al comportamiento clandestino de la pareja, dicha rebelión los condujo a ocultarse.

La pregunta “¿dónde estás?” muestra dos cosas: Que el hombre está perdido por el pecado, y que Dios ha venido a buscarlo por su inmensa gracia. El hombre pecador es el enemigo de la pureza de Dios, sin embargo, Él vino por su gracia en su búsqueda, así que el hombre es valioso para Dios.

Dios se dirige primero a Adán, quien posee la mayor responsabilidad, después a la mujer únicamente cuando es señalada por el hombre, y por último a la serpiente. En orden inverso de como participaron en el pasaje de Génesis 3 (serpiente, mujer, hombre). Lo que muestra el primordial interés de Dios en la pareja, ya que no puede haber reconciliación si ellos no desean confesar su pecado, lo que genera distanciamiento y los lleva a ocultarse.

En fin, en este pasaje Yhwh es representado como un Padre gentil en la búsqueda de sus hijos; no a través de la denuncia su pecado, sino incentivando a través de sus preguntas a que Adán y Eva admitan su pecado, y busquen la gracia y el perdón del Señor. Pero lamentablemente ocurre lo contrario, no se admite el pecado y se inventan excusas que inculpan al mismo Dios.

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2.- La incomprensión de los “suyos”. Jesús ha comenzado su vida pública, después del Bautismo, predicando la Buena Noticia y curando a varios enfermos. Todo trascurre alrededor del Lago de Tiberíades. Por un tiempo vive en Cafarnaún, “su pueblo”. Vemos que “fue a casa”. Posiblemente se trata de la casa de Pedro en Cafarnaún. El texto griego dice que aparecen “los suyos”, una expresión que puede referirse efectivamente a la familia de Jesús, pero también a sus discípulos. No obstante, puesto que los discípulos ya se encuentran con Jesús, parece más probable que éstos que lo buscan ahora sean sus familiares. Están preocupados por la salud de Jesús, bien sea que ellos mismos piensen que está “fuera de sí”, o que han oído decir que éste es el rumor de la gente. Hay que pensar que “los suyos” miran también por la buena fama de toda la familia. El celo de Jesús por cumplir su misión ni siquiera fue comprendido por los de su casa, sus familiares. La presión de la familia, nacida ciertamente de la incomprensión, pero no ejercida con mala voluntad, es secundada ahora por la malicia de estos escribas, quizás en misión oficial del sanedrín, que tratan conscientemente de tergiversar la actividad de Jesús, para desprestigiarlo ante el pueblo. El odio entra en acción con todos sus recursos. No pueden negar el poder de Jesús, pero le dan una interpretación malévola: “Jesús es un aliado de Satanás”.

Jesús nunca despreció a su familia natural. Pero cuando le llegó el momento de dedicar toda su actividad y su vida a predicar el Reino, la Buena Nueva, abandonó su casa materna y a sus padres; su única casa y su única familia pasaron a ser desde entonces todos los que querían seguirle, todos los que querían hacer y cumplir la voluntad de Dios. Nosotros, los que queremos seguir a Cristo y hacer su voluntad, somos familia de Cristo, familia de Dios. Es evidente que debemos seguir amando a nuestra familia natural, pero, en el orden espiritual tenemos una nueva familia compuesta por Cristo y todos los que hacen la voluntad de Dios.