Home | Centinela del matrimonio y la familia | Vivir los frutos del Espíritu Santo en la vida matrimonial (parte 2)

Vivir los frutos del Espíritu Santo en la vida matrimonial (parte 2)

¿Dulzura o amargura? ¿Qué frutos está produciendo su Matrimonio? (Gálatas 5:22-23)

Resultado de imagen para frutos del espiritu santo

Para ver la primera parte entra a quí: http://centineladelafe.com/vivir-los-frutos-del-espiritu-santo-en-la-vida-matrimonial/

3.- PAZ  

La paz es el fruto milagroso que trae armonía. Cuando le damos paz a nuestro cónyuge, la relación se vuelve serena y hay cooperación. La paz no es necesariamente ausencia de problemas. Es la capacidad de resolver esos problemas. Ninguno de nosotros es pacífico por naturaleza. Pablo dijo que de nosotros mismos ni siquiera conocemos el camino de paz (Romanos 3:17). Pídale a Dios que le muestre lo poco pacífico que usted realmente es. El le mostrará cómo los esfuerzos que usted hace por “salirse con la suya” crean conflictos. Le mostrará cómo usted ha alterado la paz muchas veces. Cuando Dios le haya desenmascarado su ánimo contencioso, usted tendrá que arrepentirse. Haga a un lado el deseo ardiente de “ganar” la discusión. Puede ganar la discusión a costa de perder su matrimonio. Déjese guiar por el Espíritu pacífico de Dios convirtiendo en acción los pensamientos de paz que Dios nos da. Démosle a nuestro esposo o esposa la “blanda respuesta” que “quita la ira” (Proverbios 15:1). “Vence con el bien el mal”, dijo Pablo (Romanos 12:21). Para pelear se necesitan dos. Para dar el fruto de paz se necesita sólo uno. Demos a nuestro cónyuge el fruto de paz, y que “la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento” (Filipenses 4:7), llene nuestro matrimonio.

4.- PACIENCIA 

La paciencia es el fruto que nunca se daña. Por mucho que demos de este fruto, nunca será demasiado. Es un fruto duradero. Nuestra paciencia siempre será de provecho para nuestro cónyuge, y viceversa. Mas la paciencia parece escasear en muchos matrimonios. Esposos y esposas pierden la paciencia con gran facilidad, especialmente cuando uno no le da gusto al otro como éste quiere y cuando éste quiere. Sentimos que la mecha se enciende y estallamos. O bien, ponemos mala cara porque nuestro esposo o esposa no está cambiando a nuestra entera satisfacción, no está creciendo tan rápidamente como quisiéramos o de la manera como quisiéramos. Arrepintámonos de esta actitud egocéntrica, de esta propensión a estallar, y pensemos en el futuro. Cuando sentimos que la mecha se enciende, apaguémosla antes del estallido. Todos tenemos fallas. Entréguese al Espíritu de paciencia. Pablo dijo que el verdadero amor “todo lo soporta” (1 Corintios 13:7).

5.- BENIGNIDAD 

La benignidad describe la naturaleza delicada del siguiente fruto. Su pulpa es blanda y tierna. ¿Qué es la benignidad? Benignidad es una delicada sensibilidad a las necesidades del otro. Captada la necesidad, la benignidad la suple con amorosa solicitud. ¡Su cónyuge necesita la benignidad de Dios impartida por medio de usted! Este fruto hará que su cónyuge se sienta seguro y fuerte en su amor. Nuestra sociedad satánica y sádica les ha robado a muchos esposos y esposas su “afecto natural” (II Timoteo 3:3). Hoy la gente cree que benignidad es debilidad. Pero lo cierto es que la falta de benignidad debilita el matrimonio. Examínese a sí mismo. ¿Es benigno con su cónyuge, o es áspero? O mejor aún (si realmente quiere saber), pregúntele al otro. Ya es hora de cambiar, hora de arrepentirse y de sepultar al viejo yo. Promueva al nuevo hijo de Dios en usted: suave, benigno y solícito (Romanos 6:4-5).

6.- BONDAD 

La bondad es el fruto más grande de todos. Satisface el hambre de amor como ninguna otra cosa. Bondad es tener un gran corazón. Es dar y hacer por nuestro cónyuge sin restricciones. ¿Qué ha hecho usted por su esposo o esposa últimamente’? No todo lo que podría haber hecho, ¿cierto? Seamos sinceros. Su ser carnal está pendiente de todo lo que su esposo o esposa puede hacer por usted. Todos tenemos nuestro “Amorcito por favor”: Amorcito, por favor hazme esto; Amorcito, por favor tráeme aquello. La próxima vez que esté a punto de pedirle a Amorcito que haga algo, frene y pregúntese: ¿Qué estoy haciendo yo por Amorcito? Entonces arrepiéntase de su actitud egoísta. Levántese y hágalo usted mismo Y ya que se levantó, ¡haga algo por su Amorcito también!. El amor es lo que hacemos, no solamente lo que decimos o “sentimos”. Si entregamos nuestra voluntad a Dios, El inspirará actos de bondad para con nuestro cónyuge.

7.- FIDELIDAD

La fidelidad es un fruto que dará confianza e inspiración a nuestro esposo o esposa. La fidelidad es dedicación y lealtad. Pero es más aún: Es dar ánimo y seguridad. ¿Hemos estado produciendo frutos de fidelidad’? ¿Es usted fiel a su esposo o esposa? ¡Claro que si!, responderá. Pero ¿en su mente’? ¿Ha permitido que sus pensamientos se detengan en alguna otra persona? Dios Todopoderoso dice que un pensamiento infiel ya es adulterio (Mateo 5:28). Cuando esos pensamientos lascivos llegan a su mente, arrepiéntase quitándolos y remplazándolos con pensamientos agradables sobre su esposo o esposa. ¿Y el ánimo? ¿Le inspira usted valor y ánimo a su cónyuge? ¿Está dispuesto a edificar, o a destruir’? Es muy fácil criticar y ver las fallas del otro. ¡Que el fruto de nuestra lengua sean palabras de ánimo y encomio! Busque lo bueno y positivo en el otro y bríndele este fruto. Cuando su cónyuge esté desanimado, ofrézcale el fruto de la fidelidad que anima. Cuando la esposa o el esposo quieran darse por vencido, el fruto confiado de la fidelidad le ayudará a seguir adelante.

8.- MANSEDUMBRE 

La mansedumbre es un gran fruto en un pequeño paquete. Es el más pequeño pero el más poderoso de los frutos. La mansedumbre es el espíritu de humildad. El esposo o esposa realmente humilde comprende su pequeñez delante de Dios Todopoderoso y vive “estimando a los demás como superiores a él mismo” (Filipenses 2:3). ¿Cómo es la actitud suya? ¿Se siente superior a su esposo o esposa’? ¿Qué reflejan sus acciones? Si su actitud ha sido de orgullo y superioridad, ha llegado el momento de cambiar. Ha llegado el momento de humillarse delante de Dios y de su cónyuge. No permita que el orgullo sea un obstáculo a la felicidad matrimonial. Esposos, sométanse al Espíritu de Dios que los lleva a poner sus esposas por encima de ustedes mismos. Si, ellas no son inferiores. Dios creó tanto a la mujer como al hombre a imagen suya (Génesis 1:27). Alguno protestará: ¿No dijo Pedro que la esposa es el “vaso más frágil”? Sí, pero no en el sentido en que muchos lo toman. En 1 Pedro 3:7 Pedro dijo que los esposos deben vivir “dando honor a la mujer como a vaso más frágil”. Nótese que Pedro habla de honrar. Esta palabra le da un enfoque positivo a todo el versículo. Pablo habla de un vaso que estructuralmente es más débil pero que es de gran estima y valor. La esposa podría compararse con una pieza finísima de cristal, delicada y hermosa. El cristal se pone en una vitrina. Se estima. Estructuralmente, podríamos comparar al esposo con un “vaso más fuerte”. Tal vez usted tenga en casa una vieja sartén de hierro, que es el “caballo de trabajo” de su cocina. Quizá la ha usado muchos años, tantos que ya parece indestructible. ¿Cuál de las dos piezas es más valiosa? ¡Ninguna de las dos! Cada una es superior a la otra en cuanto al propósito que cumple. Si cada miembro de la pareja estimara al otro como superior a sí mismo, los dos se tratarían con más respeto. No habría sentimientos ni acciones de superioridad o inferioridad. Produzcamos el fruto de mansedumbre en nuestra viña. Pongamos en alto a nuestro cónyuge. ¡Que este fruto diminuto pero poderoso traiga verdadero éxtasis a su matrimonio!

9.- TEMPLANZA 

La templanza es el fruto, en la punta de la rama. Este regula el sabor, el crecimiento y la producción de los demás frutos. También somete y destruye las tendencias carnales y egoístas. Estos frutos del Espíritu no crecen ni se brindan automáticamente. Nuestro matrimonio no va a mejorar en forma automática. Esto es algo que requiere esfuerzo. Tenemos que controlar nuestra mente carnal activa y conscientemente cada momento de nuestra vida. Y tenemos que pedir la ayuda del Espíritu de Dios sometiéndonos a su inspiración a fin de poder producir los frutos del Espíritu para nuestro cónyuge. Es hora de actuar Usted puede acrecentar la felicidad de su matrimonio con la ayuda del Espíritu Santo. Ya hemos hablado bastante. Ha llegado la hora de actuar. Es hora de que usted le dé un viraje a su matrimonio, remplazando la amargura con dulzura. “Digo, pues: Andad en el Espíritu, y no satisfagáis los deseos de la carne” (Gálatas 5:16). Satisfaga a su cónyuge con buen fruto.

¡Endulce su matrimonio con los frutos del Espíritu Santo!