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Un centinela para los misioneros

Vida de San Francisco Javier.

Nació en el castillo de Javier (Navarra) el año 1506. Cuando estudiaba en París, se unió al grupo de san Ignacio. Fue ordenado sacerdote en Roma el año 1537, y se dedicó a obras de caridad. El año 1541 marchó al Oriente. Evangelizó incansablemente la India y el Japón durante diez años, y convirtió muchos a la fe. Murió el año 1552 en la isla de Sanchón Sancián, a las puertas de China. Es considerando el padre de las misiones, porque con su vida nos enseña a ser verdaderos misioneros de Cristo.

Imagen relacionada¿Pero qué elementos ponían en práctica San Francisco Javier para tener éxito en las misiones? ¿Cuáles eran las estrategias para llevar el nombre de Cristo a los lugares más recónditos del Lejano Oriente? ¿Qué enseñanzas les deja a los centinelas de hoy?

 

Para responder a esta serie de interrogantes, veamos 5 aspectos de su vida:

  1. Un auténtico sí a la voz de Dios: San Francisco Javier nos enseña a escuchar la voz de Dios a través de situaciones específicas de la vida ordinaria, como son: un acontecimiento, dolor, la pobreza. Por eso nos invita a salir del entorno de nosotros mismos, para así poder evangelizar y testimoniar el evangelio de Cristo. En su auténtico sí, nunca descanso, sino que cada acción reflejaba su ser misionero, siempre con nuevas metas, ideas y estrategias.
  2. Un misionero hacia el encuentro de las gentes: Javier recorrió grandes distancias para llevar el nombre de Cristo, llevando a los lugares más olvidados de la India, donde todavía no se había escuchado hablar del nombre de Cristo, allí motivó a grandes multitudes a bautizarse, esto debe llamarnos la atención, porque muchas veces tenemos vecinos cercanos que no se han bautizado, por la falta de evangelización de nosotros.
  3. Binomio de Oración y contemplación: Era un hombre de intensa oración desde su infancia. En la India, después de su itinerario de actividades, se postraba ante Jesús en el Sagrario. Su frase de batalla: “Sin oración no hay misión”. Por eso llevaba en el cuello el rosario, el cual rezaba de camino a las labores de la evangelización.
  4. Su etiqueta era la amabilidad: Decía: “Hágase amar y así influirá”, sobretodo se acercaba a los niños y los trataba con cariño. Su gran amabilidad les permitía llegar a muchos, los cuales se sentían cuestionados por el gran amor de este santo.
  5. Supo adaptarse a las costumbres: Para instruir a los pequeños y a los ignorantes, el santo solía adaptar las verdades del cristianismo a la música popular, un método que tuvo tal éxito que, poco después, se cantaban las canciones que él había compuesto, lo mismo en las calles que en las casas, en los campos que en los talleres.