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Tres desafíos del Papa Francisco para la pastoral juvenil y vocacional

Resultado de imagen para papa y jovenesTodos los jóvenes esperan con ansia la felicidad, el amor, el éxito, la realización personal, son aspiraciones que necesitan ser ordenadas, como lo hizo el Creador al principio de los tiempos, pasando del caos al orden del cosmos (ver Gen 1.1 a 31), afirmó el Papa, y les aconsejó a los miembros de la orden que es aquí donde pueden y deben entrar también ellos, para ayudar a los jóvenes a armonizar sus aspiraciones, para ponerlas en orden. Sin olvidar qué con razón, ellos piden que se les dé un cierto protagonismo en todo esto. Los jóvenes no pueden soportar entornos donde no encuentran su espacio y no reciben estimulación. Deben ser protagonistas, esta es la llave, además dijo, protagonistas en movimiento.

El Papa Francisco recibió en audiencia a la la Orden de la Santísima Trinidad y de los Esclavos que realizan estos días su Capítulo General. El Papa les aconsejó a alcanzar la santidad en los jóvenes: “Hoy en día hay jóvenes que buscan ardientemente el pleno sentido de sus vidas; Jóvenes capaces de incondicional dedicación a las grandes causas. Jóvenes que aman apasionadamente a Jesús y muestran gran compasión por la humanidad”. Pero además les planteó 3 desafíos para la pastoral juvenil y vocacional. Centinela de la fe te presenta brevemente estos retos:

Cercanía y acompañamiento. Los jóvenes nos quieren cerca, señaló el Santo Padre, la pastoral juvenil y vocacional requiere acompañamiento y esto implica cercanía, haciéndose presente en la vida de los jóvenes, como Jesús con los discípulos de Emaús (ver Lc 24,15). Los jóvenes quieren tener a la Orden como compañeros de viaje, buscar juntos los «pozos de agua viva» donde pueden satisfacer la sed de plenitud que muchos de ellos sienten (ver Jn 4,6-15).

La cercanía es lo único que puede garantizar una relación fructífera, hablando evangélicamente, con los jóvenes. Abran sus hogares y comunidades a los jóvenes, para que puedan compartir su oración y su fraternidad, pero sobre todo, abran sus corazones a ellos. Que se sientan amados por lo que son. Sean para los jóvenes los hermanos mayores con quienes pueden hablar, en quienes pueden confiar. Escúchenlos, hablen con ellos, hagan discernimiento juntos. Que sientan que realmente los aman y por ello pueden proponerles la gran medida del amor: la santidad, un camino de la vida cristiana que va contracorriente como en las Bienaventuranzas (ver Exhortación apostólica Gaudete et exsultate, 63-94).

En Salida. Es necesario ir al encuentro de los jóvenes, no solo a los que están cerca, sino también a los que están lejos (ver Efesios 2:17). No se limiten a aceptar a quienes acudan a ustedes, sino que también vayan al encuentro de aquellos que se han alejado. Acogerlos como lo que son. Nunca desprecien sus límites. Apóyenlos y ayúdenlos en la medida de lo posible. Y, después de reunirse con ellos, es necesario escucharlos, llamarlos, despertar el deseo de ir más allá de las comodidades en las que descansan (véase el documento preparatorio del Sínodo sobre los jóvenes, III, 1); y también necesitamos «el coraje, el afecto y la delicadeza necesarios para ayudar al otro a reconocer la verdad y los engaños o pretextos» (Christus vivit, 293).

«Los aliento a que caminen con ellos, que se salgan de los patrones prefabricados, sin olvidar que, especialmente con los jóvenes, deben perseverar, sembrar semillas y esperar pacientemente a que crezcan las semillas, y un día, cuando el Señor quiera, darán fruto. Vuestro trabajo es sembrar, Dios hará crecer lo sembrado y quizás otros cosecharán los frutos. Que su pastoral juvenil sea dinámica, participativa, alegre, llena de esperanza, capaz de asumir riesgos, de confiar. Y siempre llenos de Dios, que es lo que más necesitan los jóvenes para llenar su anhelo de plenitud. Una pastoral llena de Jesús, que es el único Camino que los lleva al Padre, la única Verdad que satisface su sed, la única Vida por la cual vale la pena dejarlo todo (ver Jn 14: 6; 1, 35-51)».

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