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“Transformar riquezas en instrumentos de fraternidad”

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El papa Francisco realizó, este domingo, durante una mañana lluviosa y fresca, la oración del Ángelus en la Plaza de San Pedro.

1.- Astucia y deshonestidad

El Papa Francisco, durante la oración del Ángelus, ha reflexionado sobre el Evangelio de Lucas 16,1-13. que “tiene como protagonista a un administrador astuto y deshonesto que, acusado de haber despilfarrado los bienes del patrón, está a punto de ser despedido”.

El administrador enfrentado a una situación difícil, “no busca justificaciones ni se deja desanimar, sino que busca una salida para asegurarse un futuro tranquilo”. Es consciente de su propia condición humana: “Excavar, no tengo fuerzas; mendigar, me da vergüenza” (v. 3); luego actúa con astucia, robando a su señor por última vez”. Por eso, llama a “los deudores y reduce las deudas que tienen con el amo, para hacer amistad con ellos y luego ser recompensado por ellos”.

La clave de lectura de esta narración, afirma el Papa, está en la invitación de Jesús: “Hagan amigos con las riquezas deshonestas, para que, cuando estas riquezas se acaben, los reciban en la morada eterna” (v. 9). Y profundiza: “La riqueza puede llevar a la construcción de muros, crear divisiones y discriminación. Jesús, por el contrario, invita a sus discípulos a invertir el curso: “Háganse amigos con la riqueza”. Es una invitación a saber transformar bienes y riquezas en relaciones, porque las personas valen más que las cosas y cuentan más que las riquezas que poseen”.

El Papa insiste: “En la vida, en efecto, no son los que tienen tantas riquezas los que dan fruto, sino los que crean y mantienen vivos tantos lazos, tantas relaciones, tantas amistades a través de las diferentes “riquezas”, es decir, de los diferentes dones con los que Dios los ha dotado”.

3.- El desafío de las riquezas

Si somos capaces de transformar las riquezas en instrumentos de fraternidad y solidaridad, no sólo será Dios quien nos acoja en el Paraíso, sino también aquellos con los cuales hemos compartido, administrando bien lo que el Señor ha puesto en nuestras manos.

4.- “¿Qué voy a hacer ahora?”

Las fallas y fracasos no tienen la última palabra. “Jesús nos asegura que siempre estamos a tiempo para sanar el mal hecho con el bien. Quien ha causado lágrimas, haga feliz a alguien; quien ha quitado indebidamente, done a quien está en necesidad. Haciendo así, seremos alabados por el Señor “porque hemos actuado con astucia”, afirma Francisco.

Artículo de la autoría de Manuel Cubías publicado originalmente por https://www.vaticannews.va/es