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¿Somos un Estado fallido o fallando?

Lic. Arismendy Rodríguez 

Cada año, desde 2005, la Fundación por la Paz (Fund for Peace) presenta el Índice de Estados Fallidos o Frágiles (Failed States Index/Fragile States Index) publicado en la revista Foreign Policy. En dicho informe se evalúan por lo general 178 Estados, en base a doce indicadores, a saber: desigualdad, crisis económica aguda o grave, deterioro progresivo de los servicios públicos, criminalización o deslegitimación del Estado, presión demográfica creciente, movimientos masivos de refugiados y desplazados internos; descontento grupal y búsqueda de venganza, huida crónica y constante de población,   violación extendida de los Derechos Humanos; aparato de seguridad que supone un ‘Estado dentro del Estado’; ascenso de élites faccionalizadas e intervención, de otros Estados o factores externos.

Desde que se conoce el informe, los primeros lugares son ocupados por países del África. Haití se ha mantenido siempre entre los primeros 15 puestos.

El Índice de Estados Fallidos o Frágiles 2017 sitúa a República Dominicana como un Estado en alerta. Aunque ha ido levemente de menos a más, experimentando mejoras continuas en el índice, cae en el rango de países en alerta, si bien no es un Estado fallido o frágil propiamente dicho, sus fallas son tan profundas en algunos de los indicadores evaluados que pudiéramos acuñar el término de “Estado Fallando”.

En nuestro país quizás no se pueda hablar de crisis económica aguda, pero los niveles inflacionarios, el costo de la canasta familiar, un mercado laboral mayormente informal y una alta tasa de desempleo dan cuenta de un Estado Fallando.

La criminalidad y delincuencia exhiben niveles alarmantes. Nadie anda seguro, en cualquier momento y lugar usted puede ser víctima de algún antisocial, sin que las autoridades puedan encontrar la fórmula para enfrentar dicho mal de una forma eficaz. Al analizar el rol del Estado en cuanto garante de la seguridad de los ciudadanos, sin dudas que estamos ante un Estado Fallando.

El tema de la desigualdad también es una cuestión que nos coloca como un Estado Fallando. Existe una brecha gigante entre unos pocos que lo acaparan todo y los muchos que no tienen nada. Los niveles de pobreza son crecientes (casi la mitad de los dominicanos está en el límite de la pobreza).

La corrupción estatal parece incontenible, ha desbordado todos los límites. La corrupción y su hermana siamés, la impunidad, profundizan la desigualdad y la pobreza. La impunidad funciona como un elemento motivador para que los niveles de corrupción continúen y se extiendan. Pues, el funcionario público que roba el dinero del erario público y no recibe la consiguiente sanción, seguirá robando e incentivando a otros a hacer lo propio. De manera que se necesita la puesta en práctica de un régimen de consecuencias que funcione y reforzar los mecanismos de transparencia en el manejo de la cosa pública.

Nuestro país también exhibe un sistema de servicios públicos deficiente, cuando no inexistente. Servicio de agua y electricidad deficiente, a muchos dominicanos ni siquiera llegan estos servicios. El sistema de salud al borde del colapso, el dominicano que tenga como única opción recurrir a los hospitales públicos parece estar condenado a la muerte.

Son estas fallas y otras que, por cuestión de espacio no analizamos aquí, las que nos permiten admitir que la República Dominicana es un Estado Fallando. No hemos fracasado del todo, pero si no reaccionamos y como ciudadanos nos empoderamos la marcha hacia el colapso total será inevitable.