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Sobre el cuidado de la casa común

Una catástrofe ecológica a escala planetaria parece mantenerse latente y al punto de estallar en cualquier momento. Algunos están al tanto, se preocupan  y toman acción, mientras otros siguen su agitada vida sin detenerse ante el inminente peligro al que nos exponemos. El Papa Francisco compartió no sólo con la comunidad católica, sino con cada ser humano habitante de este planeta, sus inquietudes sobre el deterioro ambiental en su carta encíclica “Laudato si” (Alabado sea), subtitulada: Sobre el cuidado de la casa común.

La crítica reflexión del Papa Francisco y sus antecesores sobre la acelerada degradación del medio ambiente recoge aportes de innumerables científicos, filósofos, teólogos y miembros de organizaciones sociales que han contribuido con el robustecimiento del pensamiento eclesial sobre la cuestión ambiental.

El llamado del Papa es concreto: “El desafío urgente de proteger nuestra casa común incluye la preocupación de unir a toda la familia humana en la búsqueda de un desarrollo sostenible e integral, pues sabemos que las cosas pueden cambiar”.

Existe una bibliografía amplísima que da cuenta de las causales del problema ambiental que hoy nos abate, las más evidentes causales del problema, según el Papa Francisco, están ligadas íntimamente con  “la cultura del descarte” propia de nuestro tiempo. “Advirtamos, por ejemplo, que la mayor parte del papel que se produce se desperdicia y no se recicla. Nos cuesta reconocer que el funcionamiento de los ecosistemas naturales es ejemplar: las plantas sintetizan nutrientes que alimentan a los herbívoros; estos a su vez alimentan a los seres carnívoros, que proporcionan importantes cantidades de residuos orgánicos, los cuales dan lugar a una nueva generación de vegetales. En cambio, el sistema industrial, al final del ciclo de producción y de consumo, no ha desarrollado la capacidad de absorber y reutilizar residuos y desechos. Todavía no se ha logrado adoptar un modelo circular de producción que asegure recursos para todos y para las generaciones futuras, y que supone limitar al máximo el uso de los recursos no renovables, moderar el consumo, maximizar la eficiencia del aprovechamiento, reutilizar y reciclar. Abordar esta cuestión sería un modo de contrarrestar la cultura del descarte, que termina afectando al planeta entero, pero observamos que los avances en este sentido son todavía muy escasos”.

Después de un planteamiento detallado del drama ambiental y sus principales síntomas (calentamiento global y cambio climático), el Sumo Pontífice plantea que así como compleja es la causa que ha provocado el acelerado deterioro ambiental, también diversos deben ser los posibles remedios. En particular resalta el rol que debemos jugar los cristianos en diálogo con la ciencia y la cultura de los pueblos: “Si tenemos en cuenta la complejidad de la crisis ecológica y sus múltiples causas, deberíamos reconocer que las soluciones no pueden llegar desde un único modo de interpretar y transformar la realidad. También es necesario acudir a las diversas riquezas culturales de los pueblos, al arte y a la poesía, a la vida interior y a la espiritualidad. Si de verdad queremos construir una ecología que nos permita sanar todo lo que hemos destruido, entonces ninguna rama de las ciencias y ninguna forma de sabiduría puede ser dejada de lado, tampoco la religiosa con su propio lenguaje. Además, la Iglesia Católica está abierta al diálogo con el pensamiento filosófico, y eso le permite producir diversas síntesis entre la fe y la razón. En lo que respecta a las cuestiones sociales, esto se puede constatar en el desarrollo de la doctrina social de la Iglesia, que está llamada a enriquecerse cada vez más a partir de los nuevos desafíos”.

Sin dudas que, para una lectura y comprensión integral del problema del medio ambiente se necesita del aporte oportuno de todos los actores sociales. La crisis afecta a todos, especialmente a los más pobres y vulnerables, la encíclica Laudato si: sobre el cuidado de la casa  común, representa a mi modo de ver la respuesta más completa de la Iglesia a la problemática. Como cristianos estamos compelidos a estudiarla y practicarla, con el firme propósito de brindar un poco de aliento a nuestro planeta (la casa común) que se encuentra herido de muerte producto de nuestro accionar irresponsable. Actuemos hoy, mañana puede ser demasiado tarde!

Por Arismendy Rodríguez