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Serie Objetos litúrgicos: El Lavabo

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En la liturgia se utiliza la jofaina y el aguamanil. No son objetos litúrgicos, sino objetos que se usan en la liturgia. Es decir, se trata de objetos cuyo uso es anterior a las celebraciones, y cuyo uso no se limita a la liturgia.

El aguamanil es el jarro con pico vertedero y asa grande en el que se coloca agua para ser derramada sobre las manos.

La jofaina es el recipiente en el que cae el agua que se vierte con el aguamanil en el lavado de las manos.

Ambos se hacen a juego y pueden ser de cristal, de cerámica o de metal. En muchos lugares el aguamanil y la jofaina de metal se reservan al obispo, pero no hay una norma sobre ello.

Vayamos a la normativa de uso. Lo primero que tal vez pueda sorprendernos es que el lavabo de las Resultado de imagen para lavabo liturgicomanos del sacerdote ni se ha suprimido ni se presenta como optativo, a gusto de quien preside. Es obligatorio, si bien se constata cómo en tantos y tantos lugares se omite el rito a voluntad: “En seguida, el sacerdote se lava las manos a un lado del altar, rito con el cual se expresa el deseo de purificación interior” (IGMR 76). “Después de la oración Acepta, Señor, nuestro espíritu humilde, o después de la incensación, el sacerdote, de pie a un lado del altar, se lava las manos, diciendo en secreto: Lava del todo mi delito, Señor (Frase tomada del Salmo 51), mientras el ministro vierte el agua” (IGRM 145). En la esquina del altar (nunca en el centro), los acólitos lavan las manos del sacerdote (no solamente las yemas de los dedos); y si no hubiere ministro, un recipiente en la credencia (la mesa auxiliar) permitirá al sacerdote lavarse las manos con humildad.

Lavarse las manos por parte del sacerdote es algo expresivo, significativo, que pide la purificación y pureza interior para ofrecer el Sacrificio de la Eucaristía. Esas manos, ungidas el día de la ordenación, se lavan para que sean transparentes y diáfanas y puedan comunicar el Espíritu Santo. Hace consciente de la gran pureza interior para ofrecer el Sacrificio; hace consciente de la pequeñez del sacerdote y la necesidad de ser sostenido por la Gracia. Pide en silencio mientras se lava: “Lava del todo mi delito, Señor, limpia mi pecado”.

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