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Serie Objetos litúrgicos: El atril

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La Instrucción General del Misal Romano dispone que, terminada la oración universal, el acólito coloca sobre el altar el misal (n. 139). No dice nada acerca de que el misal se debe colocar sobre un atril. Sin embargo, siguiendo la antigua costumbre, suele colocarse sobre un atril.

El atril es útil para facilitar el cambio de páginas y la lectura. Puede adornarse con una tela del color litúrgico del día.

En la forma ordinaria, conviene que el atril se coloque en la credencia desde el inicio de la Misa y hasta el comienzo de la Liturgia Eucarística, en que se lleva con el misal al altar. Ahí permanece mientras se usa, por lo que debe regresar a la credencia para decir la oración después de la Comunión.

Antiguamente el misal también podía colocarse sobre una almohadilla.

En la forma tradicional pueden colocarse dos atriles, uno a la derecha y otro a la izquierda. Como hay partes de la Misa que se dicen en el lado de la epístola y otras en el lado del Evangelio, y si los atriles son grandes y pesados, se evita el tener que trasladarlos, y se puede simplemente mover el misal.

En la actualidad existe otro tipo de atril en la liturgia, que es el que tiene una base que llega hasta el piso. Se utiliza para sostener el misal frente al celebrante cuando se encuentra en la sede. Se parece al ambón, pero no lo es. Para que no se confunda, debe ser más sencillo. Y debe ser móvil, de forma que se pueda retirar con facilidad. Si un acólito sostiene el misal, no se requiere. También se usa para sostener los papeles de apoyo para la homilía, cuando se dice desde la sede. Esta es la forma en la que lo usa el papa Francisco.

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