Home | Centinela de la liturgia | ¿Por qué es importante invocar el Espíritu Santo para vivir la liturgia de la Iglesia?

¿Por qué es importante invocar el Espíritu Santo para vivir la liturgia de la Iglesia?

Sin el alma, aunque un órgano o miembro del cuerpo este completo, no sirve; es un cadáver. Sin el Espíritu Santo en nuestras celebraciones litúrgicas y en nuestras vidas, solo somos cristianos de nombre: inútiles ramas secas en el tronco de la vid (Jn 15, 5). En cambio, cuando el Espíritu Santo vive en nosotros, nos da fuerza, gozo, poder, alegría…

Para llevar a cabo sus proyectos y continuar la obra de Jesús, el padre envió el Espíritu, aliento que anima la vida y la tarea de la iglesia (Hch 2).

El Espíritu Santo, manado del costado  abierto de Cristo en la cruz, es el verdadero creador interno de la iglesia. Su olvido en la vida cristiana se convierte siempre en rutina interior en la acción pastoral de la iglesia. El Espíritu Santo  es su ley interior, la única ley que tiene poder de santificación para los hombres, ya que solo Él que es amor, posee la energía capaz de recapitular en la persona todos los elementos dispersos que la constituyen.

“Sin el Espíritu Santo, Dios esta lejos, Cristo se queda en el pasado, el evangelio es letra muerta, la iglesia no pasa se simple organización, la autoridad se convierte en dominio, la misión en propaganda, el culto en evocación, y el quehacer de los cristianos en una moral propia de esclavos. Pero en el Espíritu Santo, el cosmos se levanta y gime en la infancia del Reino, Cristo ha resucitado, el evangelio aparece como una potencia de vida, la iglesia como comunión trinitaria, la autoridad es un servicio liberador, la misión un pentecostés, la liturgia memorial y anticipación, el hacer humano algo divino ” (Monseñor Ignacio Hazim)

La iglesia se queda vacía por dentro, y por ende nuestras celebraciones. Cuando en alguno de los puntos de su existencia espacio-temporal, el Espíritu no es interiormente aceptado; sus dimensiones externas, doctrina, leyes, ritos, etc. se esclerotizan, resultando inevitablemente infecundos. Por esta causa se reconoce en la exhortación apostólica Evangeli Nuntiandi que “las técnicas de evangelización son buenas, pero ni las más perfeccionadas podrían reemplazar la acción discreta del Espíritu.  La preparación mas refinada del evangelizador no consigue absolutamente nada sin Él. Sin Él, la dialéctica más convincente es impotente sobre el Espíritu del hombre. Sin Él los esquemas mas elaborados sobre las bases sociológicas se revelan pronto desprovistos de todo valor” (EN 75).

Es el Espíritu quien interioriza en cada persona las diferentes instituciones de la iglesia; ya que su acción nos:

  • Abre a la vida de Dios, ayudándonos a vencer los prejuicios, reconciliarnos, propiciar la unidad en la diversidad, trabajar por la justicia y la paz.

  • Libera de adicciones que nos esclavizan al placer y los bienes materiales, permitiéndonos actuar con libertad ante las presiones socioculturales contrarias al evangelio.

  • Ilumina para conocernos a nosotros mismos y descubrir la presencia de Dios en nuestra historia.

  • Proporciona paz en el sufrimiento, cuando nuestras expectativas no se cumplen y ante la falta de seguridad en la vida.

  • Mantiene la esperanza de un mundo mejor aquí y ahora, y del que gozaremos para siempre de Dios y de nuestros seres queridos en la vida futura.

Finalmente queridos centinelas les invito a vivir las cinco acciones del Espíritu Santo, según la necesidad que tengas de ellas en esta etapa de tu vida cristiana. Haz unos momentos de oración abriéndote por completo a la obra transformadora del Espíritu que habita en ti.