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Novena al Espíritu Santo: octavo día

SANTIFIQUEMOS NUESTRAS ACCIONES HACIÉNDOLAS EN EL ESPÍRITU DE JESÚS

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En el Nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

Oración

Ven, Espíritu Divino manda tu luz desde el cielo. Padre amoroso del pobre; don, en tus dones espléndido; luz que penetra las almas; fuente del mayor consuelo. Ven, dulce huésped del alma, descanso de nuestro esfuerzo, tregua en el duro trabajo, brisa en las horas de fuego, gozo que enjuga las lágrimas y reconforta en los duelos. Entra hasta el fondo del alma, divina luz y enriquécenos. Mira el vacío del hombre, si tú le faltas por dentro; mira el poder del pecado, cuando no envías tu aliento. Riega la tierra en sequía, sana el corazón enfermo, lava las manchas, infunde calor de vida en el hielo, doma el espíritu indómito, guía al que tuerce el sendero. Reparte tus siete dones, según la fe de tus siervos; por tu bondad y tu gracia, dale al esfuerzo su mérito; salva al que busca salvarse y danos tu gozo eterno. Amén.

MEDITACIÓN

¿QUÉ SIGNIFICA HACER LAS ACCIONES EN EL ESPÍRITU DE JESÚS?

Hagamos nuestras acciones en Jesucristo, por Jesucristo y en su Espíritu. Es muy importante saber que no sólo los religiosos, sino todos los cristianos, de cualquier estado y condición, están obligados, como miembros de Jesucristo, a vivir de la vida santa de su Cabeza, y a realizar cristianamente todas sus acciones, grandes y pequeñas.

¿Qué quiere decir «cristianamente»? Significa hacerlas en Jesucristo y por Jesucristo, en su Espíritu, con sus disposiciones santas y divinas.

A ello estamos obligados por infinitas razones. Pero te ruego que consideres a menudo que Jesucristo es nuestra Cabeza y nosotros sus miembros, y que cuando estamos en gracia tenemos con él una unión más íntima y perfecta que los miembros de un cuerpo natural con su cabeza. Por eso hemos de hacer nuestras acciones por Él y en Él. Por Él, porque somos propiedad suya, ya que todo cuanto es de los miembros pertenece también a la cabeza; y en Él, es decir, animados por su espíritu, con sus disposiciones e intenciones, como los miembros deben seguir e imitar a su cabeza.

Me dirás tal vez: «Pero ¿quién puede conocer las disposiciones e intenciones de Jesucristo cuando ejecutaba sus acciones? Con sentimientos de humildad, paciencia, caridad con el prójimo, con la mirada puesta en Dios y con toda suerte de virtudes; sus intenciones fueron la gloria y el amor del Padre, buscando agradarle y cumplir su voluntad.

 

Oremos: ¡Espíritu Santo, despréndenos de las cosas terrenas, para que amemos las cosas celestiales!