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Novena al Espíritu Santo: noveno día

EL ESPÍRITU DE MARTIRIO

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En el Nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

 Oración

Ven, Espíritu Divino manda tu luz desde el cielo. Padre amoroso del pobre; don, en tus dones espléndido; luz que penetra las almas; fuente del mayor consuelo. Ven, dulce huésped del alma, descanso de nuestro esfuerzo, tregua en el duro trabajo, brisa en las horas de fuego, gozo que enjuga las lágrimas y reconforta en los duelos. Entra hasta el fondo del alma, divina luz y enriquécenos. Mira el vacío del hombre, si tú le faltas por dentro; mira el poder del pecado, cuando no envías tu aliento. Riega la tierra en sequía, sana el corazón enfermo, lava las manchas, infunde calor de vida en el hielo, doma el espíritu indómito, guía al que tuerce el sendero. Reparte tus siete dones, según la fe de tus siervos; por tu bondad y tu gracia, dale al esfuerzo su mérito; salva al que busca salvarse y danos tu gozo eterno. Amén.

 MEDITACIÓN

EL ESPÍRITU DE MARTIRIO: ESPÍRITU ARDENTÍSIMO DE AMOR A JESUCRISTO

¿Cuál es el espíritu del martirio? Es un espíritu que tiene cinco cualidades muy excelentes:

  • Es un espíritu de fuerza y de constancia, que no puede ser doblegado ni vencido por promesas ni por amenazas, ni por suavidad ni por rigor, y que solo teme a Dios y al pecado.
  • Es un espíritu de humildad muy profunda, que aborrece la vanidad y la gloria del mundo, y que ama los desprecios y las humillaciones.
  • Es un espíritu de desconfianza de sí mismo y de segurísima confianza en nuestro Señor Jesús, como en aquel que es nuestra fuerza y en cuya virtud lo podemos todo.
  • Es un espíritu de perfectísimo desprendimiento del mundo y de todas las cosas que son del mundo. Pues, lo que han de sacrificar su vida a Dios, deben sacrificarle todo lo demás.
  • Es un espíritu de ardentísimo amor a nuestro señor Jesucristo, que lleva a todos los que están animados de este espíritu a hacerlo todo y a sufrirlo todo por el amor de aquel que lo hizo todo y lo sufrió todo por ellos.

Oremos: Espíritu divino, me entrego totalmente a ti para que tomes posesión de mí y me conduzcas en todas las cosas. Haz que viva como un hijo de Dios y miembro de Jesucristo; como quien ha nacido de ti y te pertenece en plenitud.