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La vida de santa Mónica

Iniciamos esta sección con la vida de santa Mónica.

Esta ilustre mujer nació en Nagaste, África el año 331. Era de familia cristiana y constituyó una familia cristiana con un hombre llamado Patricio, con el cual tuvo muchos hijos, entre ellos, San Agustín de Hipona, cuya conversión le costó muchas lágrimas y oraciones.

¿Por qué Santa Mónica es un modelo de santidad para nosotros los centinelas? Porque durante 30 años se dedicó a orar por su hijo, pidiendo la conversión, y al final, se santificó el hijo por las oraciones de la madre, y se santificó la madre por las oraciones por el hijo.

Queremos presentar a santa Mónica a todas esas madres que sufren los desvíos de sus hijos e hijas, que no conocen la tranquilidad porque han perdido el camino, que quieren abandonar sus oraciones porque creen que no son escuchadas. Santa Mónica nos dice: “No te canses madre centinela, tus oraciones tendrán respuestas”.

Por su vida de fe y sus oraciones por la conversión de su hijo, santa Mónica se convierte en el centinela de la santidad de esta semana.

ORACIÓN

Madre ejemplar del gran Agustín, durante 30 años perseguiste de modo perseverante a tu hijo rebelde con amor, afección, perdón, consejo y rezos que clamaban al cielo. Intercede por todas las madres en este nuestro día para que podamos aprender a conducir a nuestros hijos a Dios y su Santa Iglesia. Enséñanos cómo permanecer cerca de nuestros hijos, incluso de aquellos hijos e hijas pródigos que tristemente se han extraviado.  Amén.

NOVENA BREVE PARA MADRES CENTINELAS.

Querida Santa Mónica, esposa y madre preocupada, muchas tristezas se clavaron en tu corazón durante tu vida. Sin embargo, nunca te desesperaste o perdiste la fe. Con confianza, persistencia y profunda fe rezaste diariamente por la conversión de tu amado hijo, Agustín.
Concédeme la misma fortaleza, paciencia y confianza en el Señor. Intercede por mí, querida Santa Mónica, para que Dios pueda escuchar favorablemente mi súplica (mencione aquí su petición) y me conceda la gracia de aceptar su voluntad en todas las cosas, por medio de Jesucristo, nuestro Señor, en la unidad del Espíritu Santo, un solo Dios por los siglos de los siglos. Amén.