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La vida de san Vicente de Paul

San Vicente de Paúl fue un sacerdote francés. Es una de las figuras más representativas del catolicismo en la Francia del siglo XVII. Fue fundador de la Congregación de la Misión, también llamada de Misioneros Paúles, Lazaristas o Vicentinos (1625) y, junto a Luisa de Marillac, de las Hijas de la Caridad (1633). Fue nombrado Limosnero Real por Luis XIII, función en la cual abogó por mejoras en las condiciones de los campesinos y aldeanos.

De este gran santo de los pobres, queremos destacar dos virtudes para todo centinela:

La sencillez: San Vicente dijo, “es la virtud que más amo”, tanto que “yo la llamo mi evangelio”. “Tengo devoción especial y consuelo en decir las cosas como son”. Estas palabras pueden ayudarnos a identificar la sencillez en su significado real como verdad, sinceridad, transparencia. Vivir plenamente la sencillez nos ayudará a evitar ser falsos, decir una cosa y significar otra, o decir una cosa a la cara de una persona y otra a sus espaldas.

Estamos llamados a ser sencillos, a decir las cosas como son, pero, debo añadir, siempre con sinceridad hacia el otro. Como San Vicente nos dice, es la libertad para hablar a los otros “con plena confianza, sin ocultar o disfrazar nada”.

La humildad: San Vicente la llama “la virtud característica de la misión. Oh santa virtud, qué hermosa eres. Oh pequeña Compañía, qué amable serás si el Señor te concede esta gracia”. De nuevo san Vicente llama a la humildad “la virtud de Jesucristo, … de su santa madre, … de los santos más grandes, … es la virtud de los misioneros”.

La humildad es la virtud que nos capacita para reconocer y admitir nuestras debilidades y limitaciones, creando así la posibilidad de confiar más en Dios y menos en nosotros mismos. Al mismo tiempo, la humildad nos capacita para reconocer nuestros talentos, unos talentos que deben ponerse al servicio de los demás.

Es la virtud que permite a los pobres acercarse a nosotros. Es la virtud que nos ayuda a ver que todos son iguales a los ojos de Dios. Nos capacita, al mismo tiempo, para acercarnos a los pobres.

En oposición a los humildes, están ciertamente los soberbios de corazón, personas con una actitud de “yo soy mejor que el otro,” que miran a los demás por encima del hombro. La humildad es una virtud que capacita a los misioneros para inculturarse, en otras palabras, hacerse uno con los otros, especialmente con los pobres.

Oración a San Vicente de Paul

¡Oh glorioso San Vicente, celeste Patrón de todas las asociaciones de caridad y padre de todos los desgraciados, que durante vuestra vida jamás abandonasteis a ninguno de cuantos acudieron a Vos! Mirad la multitud de males que pesan sobre nosotros, y venid en nuestra ayuda; alcanzad del Señor socorro a los pobres, alivio a los enfermos, consuelo a los afligidos, protección a los desamparados, caridad a los ricos, conversión a los pecadores, celo a los sacerdotes, paz a la Iglesia, tranquilidad a las naciones, y a todos, la salvación. Sí, experimenten todos los efectos de vuestra tierna compasión, y así, por vos socorridos en las miserias de esta vida, nos reunamos con vos en el cielo, donde no habrá ni tristeza, ni lágrimas, ni dolor, sino gozo, dicha, tranquilidad y beatitud eterna.

Amén.