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La verdad en tiempos de redes sociales

Lic. Arismendy Rodríguez

 

Resultado de imagen para la verdadLa verdad constituye uno de los temas más socorridos o tratados desde la antigüedad hasta nuestros días. Cuestión de interés capital para filósofos, teólogos y científicos. ¿Qué es la verdad? Muchos han creído poseerla o alcanzarla, sin embargo, la cuestión sigue pendiente de respuesta cabal, objetiva y general. Ante la aparente imposibilidad de ofrecer una respuesta absoluta y definitiva sobre lo que es la verdad, muchos han optado por afirmar que no existe algo así como La Verdad (en mayúscula), sino que lo que existe es la verdad (en minúscula), verdades relativas.

Desde los tiempos de Aristóteles, desde el punto de vista formal, la verdad implica correspondencia entre el contenido de nuestro pensamiento con la realidad. La concordancia entre lo que pensamos con la existencia concreta en el plano de los hechos se ha erigido en uno de los conceptos más potentes de verdad en el correr de los tiempos.

En la sociedad actual, caracterizada por el uso cada vez más generalizado de las redes sociales (Facebook, Twitter, Instagram…), la verdad en cuanto coincidencia entre el pensar o decir con el plano de lo fáctico se ha sacrificado. La cantidad de información que circula en Internet es abrumadora. El reto actual no es la carencia de información como en otros tiempos, sino qué hacer con tanta información y, sobre todo, cómo saber si lo que consumimos como información se corresponde con la verdad.

Resultado de imagen para informacion falsa en las redes socialesLa cantidad de información falsa puesta a circular en las redes sociales atosiga, agobia, desborda. Muchas veces de forma anónima, otras veces por páginas de dudosa autenticidad o procedencia, las informaciones falsas son puestas a circular en las redes sociales o Internet y compartida por millones de usuarios incautos provocando un efecto sunami con resultados devastadores para la reputación de personas o instituciones. Cuando el afectado directa o indirectamente procede con el necesario desmentido, suele ser demasiado tarde, ya el daño está hecho.

Una simple ojeada a los muros o timeline de nuestros contactos en las redes nos puede dejar boquiabiertos por la inmensa cantidad de información dudosa o falsa compartida, penoso. Y más penoso aún porque a veces se trata de personas a las que tenemos por respetables.

Cuando nos detenemos a pensar por qué se ponen a circular informaciones falsas, descubrimos que son diversas las razones, pero por lo general lo hacen con el interés de perjudicar a personas o instituciones, sacar ventajas personales, llamar la atención o alimentar el morbo. Son muchos los que por obtener un “like” o “Me gusta” hacen lo que sea, incluso comprometer su responsabilidad en el plano judicial, no importa lo que sea con tal de convertirse en trending topic, tema del momento o tendencia. Algunos parecen autómatas dando “Me gusta” o compartiendo cualquier contenido, sin reparar en la fuente o autenticidad de los mismos.

El acceso y uso de las redes sociales supone una enorme responsabilidad. Debemos tener cuidado con lo que compartimos o difundimos, pues, el usuario promedio de los medios electrónicos suele dar por cierto cualquier cosa que circule por allí. A muchos usted le inquiere ¿y por qué tu afirma tal o cual cosa? Y sólo se atienen a responder: lo vi o leí en Internet. De modo que, para millones de usuarios, sólo porque una información circule en Internet ya es cierta, así de simple. Ante esta triste realidad se hace acuciante educar. Promover en el ciudadano una conciencia crítica para que no se deje utilizar por embaucadores, difamadores profesionales o mentirosos patológicos de los muchos que abundan en los medios y que tienen las redes sociales como caja de resonancia.

Mucho se ha hablado de que la llegada de Internet ha favorecido la democratización del conocimiento, muy cierto. Pero esa democratización trae consigo consecuencias muchas veces negativas, pues, democratización sin control ni medida en manos de los perversos es una bomba de tiempo.

En la era digital, pareciera que estamos irremediablemente condenados a convivir con lo falso. Hay quienes crean contenido desde perfiles falsos, los difunden y se hacen virales y parece no pasar nada, la vida sigue su agitado curso dejando tras de sí cementerios de reputaciones. El problema no es baladí, por eso incluso existe todo un entramado teórico para describir el fenómeno. Se habla, por ejemplo, de “fake” para hacer referencia a los archivos falsos o montajes fotográficos puestos a circular en Internet y que se viralizan. Otro término es el “boax” o bulo, referido a noticia falsa o historias difundidas como verdaderas para obtener ventajas o cometer algún tipo de fraude.

El tema de la verdad o la mentira en las redes sociales o Internet en general amerita una reacción inteligente y oportuna de quienes propician un uso responsable de dicha herramienta. Hoy por hoy, la vía más expedita para hacer frente al problema pasa necesariamente por la promoción de sólidos valores éticos y la educación de sujetos más críticos y conscientes de la responsabilidad que demanda el uso provechoso de las redes. Para nosotros como cristianos la responsabilidad todavía es mayor, pues, estamos convocados a hacer de las redes sociales el espacio común de difusión del mensaje evangélico y de construcción de la civilización del amor.