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La procesión de entrada: Algunos consejos prácticos

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1.- Orden de la procesión

Vamos en este artículo a ver el orden de la procesión de entrada para una celebración solemne de la Eucaristía, con presencia del obispo.

Como es lógico, las procesiones varían según el número de ministros participantes. Sin embargo, existen algunos principios generales que deben observarse: primero caminan los acólitos, luego los diáconos, después los presbíteros y cierra la procesión el arzobispo con sus ayudantes más directos.

Abre la procesión el acólito que lleva el incensario y la naveta. Un acólito puede llevar el incensario y otro la naveta; ambos caminan juntos. El portador de la naveta se coloca a la izquierda del turiferario. De esa misma forma se colocan para ofrecer la naveta al presidente de la celebración durante la misa cuando este tenga que poner incienso en el incensario.

En segundo lugar marchan los acólitos que llevan la cruz y los dos ciriales. En las celebraciones presididas por el obispo en su diócesis, puede haber siete ciriales: otros cuatro caminan detrás de dos en dos, y uno más camina detrás de la cruz. Esta posibilidad está en desuso. La cruz con el Crucificado debe mirar hacia el obispo.

En tercer lugar caminan, de dos en dos, los lectores y los acólitos que sirven al altar. Les siguen los diáconos, también de dos en dos. Uno de los diáconos debe llevar el Evangeliarioun poco elevado, el cual se coloca al frente, entre los dos cirios (no se debe llevar el Leccionario, ni el misal en las procesiones de entrada), que colocará, cerrado, sobre el altar.

Tras los diáconos van todos los concelebrantes, siempre de dos en dos. Si hubiera obispos concelebrantes, caminan después de los presbíteros, de dos en dos. Los obispos concelebrantes no llevan báculo, pero sí mitra. El báculo sólo lo porta el obispo titular de la diócesis, ya que, como norma, los obispos solo pueden usar el báculo en el territorio de su diócesis aunque pueden usarlo en cualquier lugar en donde se celebra solemnemente con el consentimiento del ordinario del lugar (CE 59). En algunas celebraciones todos los obispos pueden usar el báculo, como en las ordenaciones.

Cierra la procesión el celebrante principal en medio del pasillo. Si celebra un obispo, detrás de él pueden caminar los dos diáconos que lo asisten, y los ministros de mitra (detrás a su derecha) y báculo (detrás, a su izquierda, ya que el obispo porta el báculo con su mano izquierda). Estos ministros serían acólitos. También puede haber un servidor de los libros, que los porta, y que se situaría en el centro de los otros dos acólitos.

Sobre el lugar que ocupa el maestro de ceremonias no está determinado por los libros litúrgicos. Puede ir al principio de la procesión o bien detrás de los acólitos. Y, más frecuente, detrás del celebrante principal, a su izquierda. Este último es el uso de la liturgia papal. Si hay ceremonieros, caminan al lado del grupo al que te toca coordinar. Por ejemplo, en la liturgia papal el ceremoniero encargado de los acólitos camina a su lado; lo mismo el ceremoniero encargado de los diáconos, y los encargados de los celebrantes.

2.- Cómo hay que moverse en la procesión. 

Como norma general, se puede decir que los lectores, acólitos, diáconos, presbíteros y obispos, al moverse en las funciones litúrgicas, deben hacerlo con el mayor decoro.

Algunos consejos. En primer lugar, que el cuerpo vaya erguido, la vista recogida, y el paso grave: sin prisa ni lentitud afectada. Vista recogida quiere decir que no se trata de ir mirando al pueblo de ambos lados, ni saludando, ni sonriendo a los conocidos.

Una regla a seguir: únicamente se camina de frente. No deben darse ni pasos laterales, ni debe caminarse hacia atrás, aunque sea poco espacio el que hay que recorrer. Para moverse a un lado o para retroceder primero se gira y después se dan los pasos necesarios.

Mientras se camina, se llevan las palmas de las manos juntas, a la altura del pecho, con el pulgar derecho sobre el pulgar izquierdo, formando una cruz. El pulgar derecho se debe pegar al pecho. A los ministros que porten algún objeto no les atañe esta norma, pero en caso de que el objeto se pueda llevar con una mano, se lleva con la derecha, y la izquierda se coloca sobre el pecho.

Si hubiera que hacer una reverencia, es conveniente que la hagan a la vez todos los que se encuentran en una misma línea horizontal. Así, al llegar al altar, si se avanza en procesión de dos en dos, al llegar los dos primeros hacen la reverencia, luego los dos siguientes de la fila y así sucesivamente. Cuando suben al presbiterio para el Evangelio, los ciriales, el incensario, la naveta y el diácono para la preparación del incienso y la bendición del diácono antes de la lectura del Evangelio, la reverencia la hacen todos juntos. El orden es así: cirial, naveta, diácono, turiferario, cirial. Mientras que el diácono, naveta y turiferario se acercan al obispo para que ponga incienso y bendiga al diácono, los ciriales se colocan a ambos lados del ambón, enfrentados o, en su defecto de pueden mover todos juntos en fila.

En caso de que una procesión deba de dar la vuelta, quien camina más cercano hacia el lugar hacia donde hay que cambiar el sentido de la marcha debe esperar a que los otros vuelvan a ponerse en su sitio para seguir avanzando; de esta forma se evita que avancen más rápido unos que otros, descomponiendo el orden procesional.

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