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La Misa paso a paso (Primera parte)

Lic. Ángel Elías Hernández

   

Queridos amigos lectores después de unos días de ausencia y a raíz del artículo anterior “Dar importancia a la Eucaristía”  quiero compartir con ustedes este post que constara de 3 partes, para conocer de una manera mas pr

ofundas las partes que componen la santa Misa. Como una manera de conocerla y amarla, pero también de vivir con profundidad este gran misterio de nuestra fe.

La Misa es el sacrificio de Cristo que se ofreció a si mismo una vez para siempre en la Cruz. Es el c

entro de nuestra vida cristiana y la acción de gracias que presentamos a Dios por su gran amor hacia nosotros. No es otro sacrificio, no es una repetición. Es el mismo sacrificio de Jesús que se hace presente. Es una representación del Calvario, memorial, aplicación de los méritos de Cristo.

Para saber aprovechar los grandes frutos espirituales que se nos dan a través de la Celebración Eucarística, hay que conocerla, entender sus gestos y símbolos, y participar en ella con reverencia.

Tiene dos partes: la liturgia de la palabra (después de estar bien preparados por la petición de perdón de los pecados) y la liturgia de Eucaristía, que es el ofrecimiento al Padre por parte de Jesús y nuestra, pues también nosotros somos hijos de Dios. Además de estos dos grandes bloques contamos con los ritos iniciales y los ritos de despedida. En esta edición nos enfocaremos en los ritos iniciales de la celebración.

Ritos iniciales

Los ritos iniciales no son mas que una preparación o introducción. Sirve para que los asistentes expresen su ser Comunidad, y se dispongan a una celebración consciente y fructífera, oyendo atentamente la Palabra de Dios y participando en la celebración de la Eucaristía.

Estos ritos son: El Canto de entrada, el Saludo, el Acto Penitencial,  el Gloria (los domingos y festivos)
y la Oración Colecta.

Canto de entrada: 

Nos preparamos para comenzar la misa con el canto de entrada. Es un canto que nos une a todos porque a la misa venimos personas de distintos lugares, culturas, edades y cantamos a una voz, como un cuerpo que somos en torno a Cristo. Nos unimos para celebrar uno de los dones más grandes que Jesús nos dejó: la Eucaristía.

Señal de la cruz:

La misa empieza propiamente con la señal de la cruz y terminará también de la misma manera, cuando recibimos la bendición final. Hacer la señal de la cruz nos recuerda que le pertenecemos a Cristo. El gesto de la señal de la cruz recuerda que el sacrificio de Cristo es la fuente de toda santificación. La fórmula es un acto de fe en la Trinidad y recuerda el Bautismo.  En el lenguaje bíblico, el nombre representa a la persona misma. Empezar en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo no es sólo mencionar el nombre de Dios, sino ponernos en su presencia.

Acto penitencial: 

Puestos en la presencia de Dios, la Iglesia nos invita a reconocer con humildad que somos pecadores. Porque como dice San Pablo: “Mi proceder no lo comprendo, pues no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero” (Rm 7, 15). Algo así nos sucede a todos… Por eso, al empezar la Eucaristía reconocemos humildemente frente a todos nuestros hermanos, que somos pecadores. Y para pedirle perdón a Dios, usamos las palabras del ciego que oyó que Jesús pasaba cerca, y como sabía que no podía curarse a sí mismo, sino necesitaba del auxilio de Dios, se puso a gritar en medio de la multitud: “Señor, ten piedad de mí”. Así, con confianza en la misericordia de Dios, rezamos también el “Señor ten piedad”.

Canto del Gloria:

En los domingos y solemnidades se reza este himno, que resume el sentido máximo de la vida cristiana: darle gloria a Dios. Alabar a Dios, no sólo porque es bueno, o porque nos ayuda, o por las cosas que nos da. Darle gloria por quién es Él, porque es Dios. Nos ayuda a estar bien orientados, a afirmar que el sentido máximo de nuestra vida es Él.

Oración colecta:

Este no es el momento en el que se pasa la limosna, eso viene después. Se trata de la oración colecta. Es el momento en el que el sacerdote invita a toda la comunidad a rezar pidiendo. Por eso al empezar la oración el sacerdote dice a todos: “oremos”. Y extiende las manos en señal de súplica. Es el momento de recogernos todos en silencio y pedirle también al Señor por nuestras necesidades. Al terminar la oración colecta todos nos unimos a lo que el sacerdote ha pedido, diciendo juntos: Amén! Se llama colecta porque es la oración que recoge las peticiones de todos. Porque como dice el Señor en el Evangelio: “Si dos de Ustedes se ponen de acuerdo en la tierra para pedir algo, lo conseguirán de mi Padre que está en los Cielos” (Mt 18, 19-20). Y es una oración que nos une con la Iglesia toda, ya que en cualquier rincón del mundo donde se celebre la misa ese día, se pedirá por lo mismo.

Dios les bendiga siempre, esperando les sirva para seguir formando nuestras comunidades.

«Quien se forma y participa a la iglesia vivifica»