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III Domingo del Tiempo de Adviento

  1. Domingo del Gaudete o de la Alegría. Avanza el tiempo de Adviento, el tiempo de la espera… y la liturgia de la Iglesia configura este domingo desde la Resultado de imagen para tercer domingo de adviento gaudetellamada a una alegría profunda que nace de la confianza en la promesa de vida y salvación que refleja la primera lectura por medio del profeta Isaías: “El espíritu del Señor está sobre mí, porque el Señor me ha ungido… Desbordo de gozo con el Señor y me alegro con mi Dios”.  Es el domingo GAUDETE, domingo de alivio y/o de alegría. La tradición nos será recordada en muchas de nuestras iglesias por medio de una vela de color más claro en la corona de Adviento o del alivio del color morado en el ropaje litúrgico con el color rosado. Todo indica un renacer, un amanecer, una proximidad de la luz que necesitamos para caminar. La claridad siempre aporta confianza en la noche de las tinieblas por muy tenue que sea ésta.
  2. La virgen María es ejemplo vivo de la alegría de aceptar al Señor. Por Resultado de imagen para tercer domingo de adviento gaudeteeso decimos con ella: “Proclama mi alma la grandeza del Señor…” (Lc 1, 46). De este texto está tomado el canto interleccional de hoy. El Magníficat es el cántico que proclamara la Virgen María al recibir la felicitación de su prima Santa Isabel. El gozo de María es tan grande que no puede menos que romper en un himno de alegría y de alabanza a ese Dios que late en su seno virginal, y que se ha fijado en la pequeñez de su esclava, que ha elegido su poquedad ínfima. Por eso el Magníficat es el canto de la alegría, de los pequeños que confían en que su Dios puede hacer grandes cosas.
  3. Razones para la alegría. Pero ¿Por qué debe el cristiano vivir la alegría? Porque la alegría es la actitud cristiana por excelencia, es la indicación más infalible de la presencia de Dios. Por eso, quien ha encontrado a Cristo en su propia vida, experimenta en el corazón una serenidad y una alegría que nadie ni ninguna situación le pueden quitar. San Agustín lo había entendido muy bien; en su búsqueda de la verdad, de la paz, de la alegría, tras haber buscado en vano en múltiples cosas, concluye con la célebre frase de que el corazón del hombre está inquieto, no encuentra serenidad y paz hasta que descansa en Dios (cf. Confesiones, I, 1,1). Por eso Pablo nos dice: “estad siempre alegre…dad gracias en toda ocasión…no apaguéis el espíritu”, resumiendo en estas con sus palabras las tres actitudes cristianas por excelencia: alegría, oración y agradecimiento que son un tríptico permanente en la experiencia humana de la fe.Resultado de imagen para juan bautista y el adviento
  4. La figura de Juan Bautista: “No era él la luz, sino testigo de la luz” (Jn 1, 8). Las palabras de Juan Bautista son una lección de humildad y de verdad. Él confesó sin reservas quién era y quién no era, supo andar en verdad, que en eso consiste precisamente la humildad. Ni aparentó más de lo que era, ni disimuló lo que en realidad era. No es la luz, sino “testigo de la luz” ¿Puede haber vocación más bonita? Decir a todos que no siempre es de noche ni todo es tinieblas. Llevar un rayo de esperanza a los corazones entristecidos. Una sonrisa gratuita en una sociedad violenta. Afirmar que no nos preparamos a una Navidad sin sentido. Mucho menos a unos días en los que, solamente, compartamos las caras risueñas o el sentimentalismo que dura menos que un pastel en la boca de un niño. ¡Vamos mucho más allá! Como dijo nuestro Papa: “No es que el hombre vaya al encuentro de Dios; es Dios quien viene al encuentro del hombre”.

Pidamos al Señor que vivamos la alegría como un adviento permanente en el que cada cristiano pueda hacer de su vida una llamada a crecer en la vida cristiana.