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Fiesta del Bautismo del Señor

Queridos centinelas:

En este domingo, que sigue a la solemnidad de la Epifanía, celebramos el Bautismo del Señor. Fue el primer acto de su vida pública, narrado en los cuatro evangelios. Al llegar a la edad de casi treinta años, Jesús dejó Nazaret, fue al río Jordán y, en medio de mucha gente, se hizo bautizar por Juan. El evangelista san Marcos escribe: “Apenas salió del agua, vio rasgarse el cielo y al Espíritu bajar hacia él como una paloma. Se oyó una voz del cielo: “Tú eres mi Hijo amado, mi predilecto”” (Mc 1, 10-11). En estas palabras: “Tú eres mi Hijo amado”, se revela qué es la vida eterna: es la relación filial con Dios, tal como Jesús la vivió y nos la ha revelado y dado.

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¿Por qué se hace bautizar Jesús? La explicación está en la finalidad por la que Jesús va a Juan para que le bautice. Juan está predicando un bautismo de penitencia. Jesús recibe este signo de arrepentimiento junto a muchos otros que corren hacia Juan. En un primer momento, Juan intenta impedírselo pero Jesús insiste. Y esta insistencia manifiesta su intención: ser solidario con los pecadores. Quiere estar donde están ellos. Lo mismo expresa el apóstol Pablo, pero con un tipo de lenguaje diferente: «Al que no había pecado, Dios le hizo expiar por nuestros pecados» (2 Co 5, 21). Y es, justamente, en este momento de intensa solidaridad con los pecadores, cuando tiene lugar la grandiosa epifanía trinitaria. La voz del Padre tronó desde el cielo, anunciando: «Tú eres mi Hijo, el amado, el predilecto». Tenemos que comprender que lo que le agrada al Padre, reside en la voluntad del Hijo de ser solidario con los pecadores. De este modo se manifiesta como Hijo de este Padre, es decir, el Padre que «tanto amó al mundo que entregó a su Hijo único» (Jn 3, 16). En aquel preciso instante, el Espíritu aparece como una paloma, desciende sobre el Hijo, imprimiendo una especie de aprobación y de autorización a toda la escena inesperada. (Directorio Homilético, 132-133)

El Bautismo de Jesús es modelo también para el nuestro. En el Rito de Acogida para el Bautismo, a los padres, Resultado de imagen para bautismo catolicoa los padrinos y a las madrinas, el celebrante les pregunta habitualmente: “¿Qué pedís a la Iglesia de Dios para vuestros hijos?”; ante su respuesta: “El Bautismo”, él añade: “Y el Bautismo, ¿qué os da?”. “La vida eterna”, responden. He aquí la realidad admirable: la persona humana, mediante el Bautismo, es introducida en la relación única y singular de Jesús con el Padre, de manera que las palabras que resonaron desde el cielo sobre el Hijo unigénito llegan a ser verdaderas para todo hombre y toda mujer que renace por el agua y por el Espíritu Santo: Tú eres mi hijo amado.

Queridos centinelas, ¡qué grande es el don del Bautismo! Si nos diéramos plenamente cuenta de ello, nuestra vida se convertiría en un “gracias” continuo. ¡Qué alegría para los padres cristianos, que han visto nacer de su amor una nueva criatura, llevarla a la pila bautismal y verla renacer en el seno de la Iglesia a una vida que jamás tendrá fin! Don, alegría, pero también responsabilidad

“El Señor bendice a su pueblo con la paz” (Sal 28). La paz de la que habla hoy el salmo responsorial es “la paz que nos traería Jesucristo”, como se nos dice en el texto de los Hechos de los Apóstoles que leemos hoy. Esta es la paz que predicó Jesús de Nazaret, “ungido por Dios con la fuerza del Espíritu Santo, que pasó haciendo el bien y curando a los oprimidos por el diablo”. Este puede ser un buen propósito final para terminar este tiempo litúrgico de Navidad: trabajar por la paz y la justicia, haciendo siempre el bien y tratando de ayudar a todas las personas que, por las causas que sea, se sienten oprimidos por el diablo, es decir, por las fuerzas del mal. Que el Señor nos bendiga todos con la paz.