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Expulsado por mala conducta, mi hijo es inteligente pero inmaduro

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Conoce las normas, tiene todo lo que necesita pero se equivoca al ejercer su libertad ¿Por qué?

Acude a mi consulta un profesional brillante. Con trabajo, estudio, esfuerzo y sacrificios ha alcanzado el éxito. Ascendió desde una condición humilde a una cima de exitosas posibilidades desde la cual puede seguir ascendiendo y prosperar. 

Recientemente se ció sorprendido por la posibilidad de expulsión de su hijo mayor de la escuela preparatoria en la que estudia. Al parecer, el jovenzuelo es brillante, inteligente y buen deportista, pero lleva una vida de excesos y tiene una mala relación con compañeros y maestros.

— ¿Qué le pasa a mi hijo, si solo le he dado buenos ejemplos y tiene además todos los bienes que yo no tuve? ¡Es inteligente, conoce muy bien las reglas del colegio y parece no tener conciencia ejerciendo su libertad a pleno pulmón, al menos como él la entiende! — Me dijo en tono abrumado. 

— Pasa que inteligencia no es sinónimo de madurez. Posiblemente, usted sin proponérselo ha proporcionado a su hijo un estilo de vida que no le facilita ejercitar el bien ni alejarse del mal. Su hijo no cumple las normas, aunque las conozca perfectamente. Y no es porque no quiera ni pueda. Tal vez ea porque algunos de los bienes con que cuenta su hijo, pueden ser solo aparentes.  

— ¿Bienes aparentes? Por favor, explíqueme eso.

1. Conocer los límites de la libertad exterior

  • Su hijo debe ser consciente de que su libertad está limitada por su naturaleza. Él puede considerarse libre para caer en excesos como el beber o trasnochar pero no podrá evitar que eso haga daño a su organismo.

  • Igualmente, puede considerarse libre para tener mala conducta en la escuela, mas no lo es para permanecer en ella en contra de sus normas institucionales.

  • También existen otras limitaciones: la edad, la salud, la educación, atributos físicos, etc.

2. Saber que la conciencia ejerce un enorme poder sobre esos límites

  • La conciencia es lo más noble del hombre y de la mujer.

  • La conciencia nunca es pasiva ante la actuación de las personas, sino que alaba y reprende, aprueba y condena. Bien se dice que en ocasiones “no deja dormir” hasta que no rectificamos.

  • Si bien no existe la libertad de construir la propia conciencia al margen de la verdad, si contamos con la capacidad natural de ser muy libres dentro de una conciencia rectamente formada.

3. La libertad más importante y más humana se sitúa en la conciencia.

  • Por ser el recinto más íntimo, el sagrario de la persona.

  • El lugar donde el hombre habla con Dios y se unen los hombres entre sí.

  • Donde nada impide amar y perdonar.

  • Por ser la fuente de toda fortaleza espiritual.

  • Puede degradarse cuando conscientemente se actúa mal.

¿Quiere su hijo afirmarse en su libertad? Bien, pero debe saber que toda acción libre de una persona es por lo tanto moral, y siendo así puede ser valorada como buena o mala. Por ello el principal papel de los padres es lograr que viva positivamente este principio, pues más allá de los logros profesionales, formar la persona del hijo es la realización más importante y uno de los fines del matrimonio y consecuencias del amor. 

En conclusión, lo que está en juego es nada menos que la felicidad de su hijo, por lo que bien se puede considerar que es mejor que su hijo sufra las consecuencias de sus actos ahora en la edad temprana asimilándolo y comprendiéndolo, que en su vida adulta donde el daño puede ser mayor o quizá irreparable. Se debe hacer acompañándolo en un proceso de superación donde el amor exigente y la mutua confianza se abran al camino de la esperanza.

No es suficiente con ser inteligente y saber acerca del deber ser de las cosas según consciencia, se requiere además la capacidad indispensable para obrar el bien.

Es por ello que educar la completa persona del hijo consiste en  educar su inteligencia ayudándolo a conocer más de los bienes verdaderos, mientras que se educa su voluntad ayudándolo a lograr menos impedimentos pasionales para querer más, queriendo lo mejor y creciendo en virtudes. 

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Por Orfa Astorga de Lira. Publicado originalmente por Aleteia.org