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Ensayo sobre la carta encíclica Redemptor Hominis

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P. José Gabriel Santana

San Juan Pablo II desde el comienzo de su pontificado dio pautas de que su misión iba a estar enfocada al cuidado y preservación de la dignidad del ser humano, ya que en su natal Polonia era víctima de los grandes abusos del comunismo y de los cambios constante y abrupto que sufría la sociedad. De ahí que en su primera encíclica titulada Redemptor Hominis, es palpable su preocupación por el hombre en su realidad concreta, sufriente y sacando a la luz sus grandes problemas, para exponer las posibles soluciones, basadas en la más profunda compresión del ser humano.

El ser humano busca la manera de trascender, de ser libre de todo aquello que lo ata y no lo deja Resultado de imagen para redentor del hominisdesarrollarse, entrando en una crisis de identidad y de fe, incluso en lo profundo de la Iglesia. Partiendo de esta realidad san Juan Pablo II, toma como punto de partida para dar respuesta a esta realidad palpable de la persona humana en proyección a la persona de Jesucristo, fundamentado en el amor que ha de guiar todo el transcurrir del ser humano, y el mayor ejemplo de amor según nos relata dicha encíclica es la encarnación del verbo y la redención de los pecados.

Por tanto el ser humano hijo de esta época, sin importar cuán débil esté, que desee entender plenamente su propia persona, debe «asimilar por entero la realidad de la Encarnación y la Redención con la finalidad de encontrarse a sí mismo». De igual forma se puede afirmar, que Juan Pablo II, preparó a la feligresía de su época para los grandes problemas que le iba tocar enfrentar.

Además,  resalta su postura en contra de la cultura atea, que afirma la inexistencia de Dios,  de igual forma de todos aquellos sistemas políticos que alejan a las personas de lo trascendente. Por eso, a lo largo de la encíclica se nota la preocupación del pontífice de hacer llegar el mensaje de Dios a todas las culturas, todos los conceptos ideológicos, en fin a todas las personas de buena voluntad, de ahí su afirmación “Subraya que una adecuada expresión de la actitud misionera no es destructiva, más bien se inicia con la construcción de lo que ya existe”.

De igual forma, se destaca su postura personalista, de ese hombre real y concreto, sumergido en sociedad, histórico, que siente que padece y espera la misericordia de Dios, ya que Cristo se acerca a cada persona de forma particular.  Por eso, el Papa resalta los cambios constante que experimenta el hombre en abierto desafío a los avances tecnológicos, cuestionando hasta qué punto se valora al ser humano, su dignidad y valor como persona.

En suma, San Juan Pablo II fue un visionario desde el primer momento de su pontificado, ya que resalta a viva voz la responsabilidad moral para aquellos que menos tienen y más desposeídos, que son excluidos de estos cambios, pero que  igual son hijos de Dios. Por eso, concluye afirmando que el pueblo cristiano debe tomar a María como madre para poder encontrar la felicidad en el mundo.