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EL SILENCIO EN LA LITURGIA CATÓLICA (II)

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1. El redescubrimiento del silencio en la liturgia.

La Constitución Sacrosanctum Concilium, tratando de la participación activa de los fieles, destaca la importancia del silencio: “para promover la participación activa se fomentarán las aclamaciones del pueblo, las respuestas, la salmodia, las antífonas, los cantos, y también las acciones o gestos.

Guárdese, además a su debido tiempo, el silencio sagrado” (no. 30). La necesidad y la función del silencio en la celebración litúrgica habían sido afirmadas con frecuencia, en vísperas del concilio la praxis litúrgica más común en uno de sus comentarios afirma: “el silencio es el elemento más descuidado, o incluso sacrificado expresamente en nombre de una participación activa, concebida falsamente en el muy limitado sentido de voz o gesto. Se olvida que por la intensidad con que se vive este silencio se puede medir el grado de capacidad y de preparación de los fieles para la verdadera participación”

2. Significado y tipología del silencio litúrgico.

Podemos dar ahora unas líneas maestras que traten de interpretar el significado y la función del silencio en la liturgia renovada:

A) el silencio, elemento estructural: se presenta repetidamente el silencio como “parte de la celebración” (OGMR 23); condición para que los fieles “no se vean reducidos a asistir a la acción litúrgica como espectadores mudos y extraños” (Musicam Sacram 17). En clave pedagógica, se indica el silencio entre los “elementos litúrgicos” que deben tenerse presentes “en la formación litúrgica de los niños y en su preparación para la vida litúrgica de la Iglesia” (DMN 13).

B) Motivos para el silencio: “la naturaleza de este silencio depende del momento de la misa que se observa” (OGMR 23), el motivo más general del silencio litúrgico es “para promover la participación activa” (SC 30), para que los fieles “sean asociados más íntimamente al misterio que se celebra” (Musicam Sacram 17). En particular el silencio favorece la escucha de la Palabra de Dios y la respuesta de la meditación y de la oración “para lograr la plena resonancia de la voz del Espíritu Santo en los corazones y para unir más estrechamente la oración personal con la palabra de Dios” (OGLH 202). Las finalidades inmediatas del silencio en la liturgia están resumidas en la carta Eucaristía participationem, de 1973: “debe respetarse siempre, como muchos desean, el silencio sagrado, que se observará en los tiempos establecidos”.

C) Tipología del silencio litúrgico: la naturaleza y funciones del silencio litúrgico dependen de los momentos en que entra a formar parte de la acción litúrgica, podemos hablar de los siguientes tipos de silencio:

* Silencio de recogimiento:  se produce cuando se invita a toda la asamblea a recogerse “para hacerse conscientes de estar en la presencia de Dios y formular interiormente sus súplicas” (OGMR 32). Este recogimiento asume en la liturgia renovada varias formas, unidas a muchos aspectos de la tradición:

– Comienzo de un rito: la forma más solemne es de la postración que la acción litúrgica del viernes santo, pero encontramos otros ejemplos de ella en el rito de las exequias (RE 10) y en la celebracion comunitaria de la penitencia (RP 111). Una variación intensa del mismo es el “acto penitencial” de la misa, cuyas finalidades se definen con toda claridad en las palabras que el RP refiere al silencio después de la homilía: “para examinar la conciencia y suscitar la verdadera contrición de los pecados” (no. 129)

– Oración silenciosa: se invita a la asamblea a un momento de oración silenciosa, que concluye con la oración del celebrante. Aparecen cuatro variantes, se exhorta a los fieles a orar por los hermanos que van a participar de un rito, como por ejemplo la confirmación, la profesión religiosa o los ministerios; antes de la colecta de la misa, al final de los ritos introductorios y al comienzo de la liturgia de la palabra, el celebrante invita a la asamblea a la oración silenciosa que él recoge en la colecta (OGMR 32); en la oración universal o de los fieles, después de cada una de las intenciones propuestas puede sustituirse la respuesta de los fieles por un silencio esta prevista en la misa y en la liturgia de las Horas (OGLH 193).

* Silencio de apropiación: es un silencio de escucha y de interiorización durante las plegarias presidenciales. El ejemplo más frecuente de este silencio sagrado lo tenemos en la plegarias eucarística: “Dicha oración –señala la carta Eucharistiae participationem– es recitada por el sacerdote ministerial, que interpreta la voluntad de Dios que se dirige al pueblo, y la voz del pueblo, que eleva los ánimos a Dios. Solamente ella debe resonar, mientras que la asamblea, reunida para la celebración litúrgica, mantiene un silencio religioso” (no. 8). Lo encontramos también durante la oración consecratoria de las ordenaciones (RO VIII), en la misa crismal, en la profesión religiosa, es particularmente significativo el gesto silencioso de la imposición de manos, acompañado de la oración de los presentes y también en la unción de los enfermos.

* Silencio meditativo: es el silencio de respuesta a la proclamación de la palabra de Dios: invita a “reflexionar brevemente sobre lo que han oído” (OGMR 23); a “lograr la plena resonancia de la voz del Espíritu Santo en los corazones” (OGLH 202).

* Silencio de adoración:  el silencio orante, que brota de la palabra y hace más consciente nuestra “vida oculta con Cristo en Dios”  (Col 3,3), asume una expresión más intensa en nuestro encuentro con el misterio eucarístico; sea que los fieles se preparan para recibir con fruto el cuerpo y sangre de Cristo, sea que se detengan después de la comunión para “alabar y rezar a Dios en su corazón”,  (Musicam Sacram 17), sea cuando prolongan “la unión con él conseguida en la comunión” con la oración ante Cristo “presente en el sacramento” (adoración eucarística no 81). Semejante a este silencio de adoración es el que acompaña a la adoración de la cruz del viernes santo, sobre todo en la forma colectiva, cuando se presenta la cruz en silencio a toda la asamblea.

3. Conclusiones pastorales:

1. Redescubrimiento del silencio no como elemento mágico, necesario y significativo en si mismo, sino silencio de participación: condición espiritual para la inserción en el misterio celebrado, para la escucha de la palabra y para la respuesta de la asamblea, momento privilegiado del Espíritu Santo, que hace crecer la comunidad como templo consagrado.

2. Esta renovada sensibilidad hacia el silencio es, ante todo, fruto de una familiaridad más profunda con la Biblia: Dios se hace oír en el silencio (1 Re 19,11-13); precediendo, interrumpiendo y prolongando la palabra, el silencio inspira el diálogo entre Dios y el hombre. Del Verbo “salido del silencio”, Ignacio de Antioquía dirá que “también lo que callando hizo son cosas dignas de su Padre”, afirmando que “el que de verdad posee la palabra de Jesús, puede escuchar su silencio, a fin de ser perfecto”, por su parte Ambrosio de Milán, que dedicó un amplio estudio al silencio, llegará a decir: “el diablo busca el estrépito; Cristo, el silencio”

3. La importancia del silencio va unida a la palabra, de la que es tierra privilegiada. “hay que ejercitarse en el silencio para bien de la palabra. Porque la liturgia consiste en gran medida en palabras dichas por Dios o dirigidas a Dios… Estas palabras deben ser inmensas, llenas de calma y de silencio interior”.

4. Una mayor búsqueda del silencio en la liturgia es también signo de una mayor madurez celebrativa. “Una celebración que amontona un rito sobre otro, que procede con un ritmo sin paradas, cansa a la comunidad, sin edificarla”  No se puede olvidar que “la liturgia está hecha de ritmos, de alternancias, es como una respiración”. Por otra parte el silencio litúrgico es un silencio constructivo, coeficiente fundamental para edificar y formar la comunidad celebrante.

Para leer la primera parte, presiona aquí: http://centineladelafe.com/el-silencio-en-la-liturgia-catolica-i/