Home | Centinela de la sociedad | El cristiano católico y los partidos políticos

El cristiano católico y los partidos políticos

El cristiano católico y los partidos políticos

Por Licdo. Arismendy Rodríguez

En el punto más álgido de la recién concluida contienda político-electoral de la República Dominicana, asistimos con cierto estupor a un debate bastante confuso sobre cuál de los partidos políticos o candidatos particulares promovía una agenda legislativa o administrativa más cónsona con los valores cristianos.

El panorama quedó enrarecido e invadido de tal confusión que hacía difícil distinguir la verdad de la mentira, el interés personal del general. El arte de la manipulación se servía con la “cuchara grande” impidiendo al cristiano común poder ponderar y discernir una propuesta concreta límpidamente coherente con los principios evangélicos.

El magisterio de la iglesia ha sido constante en su enseñanza de que los fieles laicos jamás deben abdicar de la participación en la política, entendiendo esta como la multiforme y variada acción económica, social, legislativa, administrativa y cultural, destinada a promover orgánica e institucionalmente el bien común[1].

De manera que, en el contexto que nos ocupa, para el fiel católico, la situación adquiere cierto dramatismo: por un lado, la confusión de propuestas y por otro lado el deber de participar en la vida política en coherencia con los principios del Evangelio.

Ante este panorama, ¿qué se espera debe hacer el fiel católico? ¿No participar en la vida política partidaria? ¿Rechazar todas las propuestas políticas por considerarlas intrínsecamente malas? ¿Asumir sin discernimiento cualquier propuesta, total todo es lo mismo? Son muchas las preguntas que pueden surgir a un cristiano comprometido con una vida coherente.

En este sentido, las enseñanzas de Pablo VI en su Carta Apostólica “Octogesima Adveniens” (46), pueden arrojarnos mucha luz en este esfuerzo por discernir y tomar adhesión por algún instrumento político capaz satisfacer nuestro anhelo de participación coherente en la vida pública.

En primer lugar, nos dice Pablo VI, “Es necesario efectuar una opción coherente con los valores, teniendo en cuenta las circunstancias reales”. (El resaltado es mío). Es decir, sin renunciar a nuestros valores, debemos buscar la vía de ser realistas. Pero ese “realismo” tiene un coto o frontera infranqueable, unos valores, específicamnte: la caridad y la búsqueda el bien común.

En el debate que se desató en RD sobre si las propuestas de X o Y candidato eran afines o no con los valores cristianos. Algunos líderes cristianos insinuaban que “todos” debían optar por éste o “todos” por aquél. No daban opción, no matizaban, no había punto medio, o era blanco o era negro. Sin embargo, nos dice Pablo VI: “Las instancias de la fe cristiana difícilmente se pueden encontrar en una única posición política: pretender que un partido o una formación política correspondan completamente a las exigencias de la fe y de la vida cristiana genera equívocos peligrosos”.

Así, pues, con meridiana claridad nos dice Pablo VI: “El cristiano no puede encontrar un partido político que responda plenamente a las exigencias éticas que nacen de la fe y de la pertenencia a la Iglesia: su adhesión a una formación política no será nunca ideológica, sino siempre crítica, a fin de que el partido y su proyecto político resulten estimulados a realizar formas cada vez más atentas a lograr el bien común, incluido el fin espiritual del hombre”.

De manera que, ningún partido, formación política o candidato, podrá responder en principio a nuestra demanda de propuestas plenamente cónsonas con los valores evangélicos, pero no por ello podemos renunciar a nuestro accionar político partidario, como tampoco podemos renunciar a poner todo nuestro esfuerzo en promover los cambios necesarios que hagan de un determinado instrumento político un espacio al servicio del bien común y de la dignidad de la persona humana. Es el debate siempre actual entre el ser y el deber ser, característico de la vida en sociedad.

[1] Congregación para la Doctrina de la Fe, Nota Doctrinal sobre algunas cuestiones relativas al compromiso de los fieles católicos en la vida política (24 de noviembre 2002), 1.

 

CATÓLICOS, POLÍTICA Y LEGÍTIMA LAICIDAD - La Abeja