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El beso al Altar y al Evangeliario

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Todos conocemos el significado del beso en el lenguaje simbólico. Incorporado a la liturgia, y según una costumbre tradicional, la veneración del altar y del evangeliario se hace besándolos. En el caso del evangeliario, el beso lo hace el diácono o presbítero cuando acaba de proclamar el evangelio, a no ser que la Eucaristía sea presidida por un obispo, donde él debe besar el evangeliario y todo el pueblo de Dios permanece de pie para la bendición con el mismo.

Pero en el caso del beso al altar se hace al inicio y al final de la misa, ¿quién debe hacer este gesto? Si se trata de una misa en la que solo hay un sacerdote (con o sin diácono) la cosa está clara: “El sacerdote y el diácono deben besar el altar” (IGMR, núms. 40.90). Pero si nos referimos a una mis concelebrada, nos daremos cuenta de que al principio, “cuando llegan al altar, los concelebrantes y el celebrante principal, hacen veneración profunda, veneran al altar con un beso”; es decir, todos los ministros ordenados que concelebran. En cambio, al final de la misa, solo “el celebrante principal, acompañado por el diácono, lo veneran besándolo como de costumbre”, los restantes concelebrantes simplemente, antes de retirarse del altar, le hacen una profunda inclinación (IGMR, núms. 211.215). Vale la pena, pues, fijarse, y hacerlo bien.

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Fuente: Misa dominical. Centro de pastoral litúrgica de Barcelona.