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Comentario a las lecturas del XII Domingo del Tiempo Ordinario Ciclo C

«¡El Mesías de Dios!»

Dom XII Lucas 9, 18-24CEl significado del “Mesías de Dios” no es precisamente el que tenían los apóstoles que pensaban en un mesías guerrero. Se trata de un Mesías que antes de resucitar tendrá que morir. Por eso les pide Jesús que no digan a nadie que es el Mesías hasta que resucite.

1. Reflexión

Estamos frente a uno de los temas más cruciales en el Nuevo Testamento. Jesús ha tenido por fin un momento tranquilo de oración cuando se le acercan los discípulos y Él les pregunta, Jesús está indagando lo que opina la gente sobre Él mismo. Es un tema importante. Es la opinión que se tiene sobre una persona concreta: Jesús de Nazareth.

Las opiniones son varias. Evidentemente Jesús no ha pasado desapercibido por donde anduvo. La gente está hablando de Él. ¿Qué dicen? Cosas muy diversas. Es alguien con el poder de convicción de Juan el Bautista, o el mismo Elías que ha vuelto con su fuerza profética, como algunos grupos esperaban, o alguno de los antiguos profetas. Esto pone en evidencia las expectativas que había en el pueblo de Israel en aquel momento. Pero ninguna respuesta es acertada.

Obvio, la pregunta primera de Jesús, da lugar a la segunda pregunta que ya no es para toda la gente. Es para los discípulos mismos, ¿y ustedes quien dicen que soy yo?

Simón Pedro, tomó la delantera para decir lo más crucial e importante en nuestra fe y asegura con toda claridad: “Tú eres el Mesías, el Cristo, el Hijo de Dios vivo”. Todo esto Pedro lo dice por inspiración del Espíritu Santo (según Mateo 16, 17). Y es que claro, el cambio fundamental de entendimiento sobre Jesús ya es radical. No estamos frente a una persona importante, a un maestro sabio, Jesús es el Mesías, es el Hijo de Dios, es el Salvador, el Señor.

Jesús mismo, inmediatamente pide que no lo digan a nadie, y da el anuncio de su pasión. La misión del Salvador, se cumplirá en la pasión, muerte y resurrección. Tema, que seguramente no entendieron mucho los discípulos.

Pero la regla fundamental es que para seguir a Jesús, para ser su discípulo, hay que negarse a sí mismo. No pueden los orgullos, las vanidades y todo el deseo de sobresalir, tener algún lugar en los cristianos. Es negándose a sí mismo que se podrá ser seguidor, llevando la cruz, no renegar de la cruz, y para salvarse hay que dar la vida completa por el Señor y su Evangelio.

2.- Compromiso

Si estoy solo o en grupo:

Podemos ir a nuestro grupo, y dialogar con todos sobre las exigencias del seguimiento de Cristo hoy, en nuestras vidas y tomar algunas acciones que demuestren el amor del Señor.
Y nos proponemos realizar algunas actividades que aun cuando no sean de nuestro agrado puedan demostrar que estamos cambiando de actitud. Por ejemplo algún servicio humilde, especialmente para los más necesitados, donde dejemos morir un poco nuestro orgullo para que sea Jesús quien triunfe en nuestra vida.

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