Home | Centinela de la palabra | Comentario a las lecturas del 3er domingo de Adviento – 15 de diciembre de 2019 – Año A

Comentario a las lecturas del 3er domingo de Adviento – 15 de diciembre de 2019 – Año A

 

Invitados a convertirse

Imagen relacionada

1.- Introducción

“Apareció’ un hombre enviado por Dios, llamado Juan” (Juan 1,6) Fue enviado para preparar Israel para la venida del Mesías “arrepiéntanse—decía—que está cerca el Reino de los cielos” (Mt 3,2).

Su mensaje era claro, el lenguaje duro, la propuesta exigente.

Austero e irreprensible, daba la impresión de ser un maestro de vida seguro de sí mismo y de las propias certezas, firme, inflexible. Sin embargo—como todos—tenía perplejidades, inquietudes, tormentos interiores.

Jesús, que le tenía una profunda estima y lo comprendía, un día lo invito examinar sus propias convicciones teológicas y religiosas. Le hizo saber que debía realizar en sí mismo aquella conversión que pedía a los otros.

El domingo pasado la liturgia nos propuso el mensaje del Bautista, hoy nos presenta su ejemplo.

Juan no ha enseñado solamente con su palabra, sino que ha mostrado con su vida como debemos estar siempre dispuestos a cuestionar nuestras propias seguridades cuando nos confrontamos con la novedad de Dios.

Solamente quien, como él, busca apasionadamente la verdad está preparado para encontrar la Verdad.

2.- Reflexión

a.- Id a anunciar a Juan lo que estáis viendo y oyendo: los ciegos ven y los cojos andan; los leprosos quedan limpios y los sordos oyen; los muertos resucitan y los pobres son evangelizados. Jesús, a los discípulos que Juan había mandado a preguntarle quién era, no les responde con un discurso de teología, sino diciéndoles que le digan a Juan cuáles son las obras que ven que está haciendo. En este siglo XXI en el que nosotros estamos viviendo también son nuestras obras la mejor y casi única prueba que podemos dar de nuestra fe cristiana. La gente no ve nuestro interior. Nuestro interior sólo lo ve Dios. La gente nos juzga por nuestras palabras y, sobre todo, por nuestras obras. Además, hoy vivimos en una sociedad mayoritariamente agnóstica y los discursos religiosos convencen hoy a muy poca gente. Desgraciadamente, en nuestro mundo, a pesar de ser una sociedad agnóstica, hay más religiones, y creencias religiosas, que nunca. Cada uno tiene su propia religión, es el Papa y Obispo de sí mismo. Por eso, nosotros, los católicos en concreto, tenemos que demostrar, con nuestras palabras y, sobre todo con nuestras obras, que somos fieles a nuestra jerarquía eclesiástica en la interpretación y puesta en práctica de nuestra fe religiosa. Que la gente nos pueda considerar católicos de verdad por lo que hacemos, por la puesta en práctica de nuestro credo religioso católico, amando a Dios y al prójimo, ayudando siempre a las personas que nos necesitan. Como hizo el samaritano, demostremos que somos católicos de verdad, siendo misericordiosos con los necesitados.

b.- En verdad os digo que no ha nacido de mujer uno más grande que Juan el Bautista; aunque el más pequeño en el reino de los cielos es más grande que él. Con esta frase, Cristo quiere dejar clara la diferencia entre el Antiguo y el Nuevo Testamento, entre los profetas anteriores a él, incluido Juan el Bautista y él mismo, Cristo Jesús, y sus discípulos. Después de Juan el Bautista, será Cristo nuestro único profeta y salvador. Por eso, debe ser el evangelio de Jesús, interpretado por los verdaderos representantes de Cristo, nuestra primera y máxima norma de conducta.

c.- Fortaleced las manos débiles, afianzad las rodillas vacilantes; decid a los inquietos: sed fuertes, no temáis. ¡He aquí vuestro Dios! Llega el desquite, la retribución de Dios. Viene en persona y os salvará. Retornan los rescatados del Señor. El profeta Isaías -unos seiscientos años antes de Cristo- fue el gran profeta de la esperanza para el pueblo judío que volvía del destierro. Les anunció la pronta venida del Mesías de Israel que vendría a salvar a su pueblo del dominio extranjero y a instituir un reino de Dios definitivo y universal. Nosotros, los cristianos, siempre hemos usado palabras del profeta Isaías para referirnos a la pronta venida de nuestro Mesías, Jesús de Nazaret, que vino a nosotros para salvarnos y poner en marcha el reino de Dios. Ahora, en este tercer domingo de Adviento, domingo de la alegría, domingo <gaudete>, debemos usar estas mismas palabras del profeta Isaías con una enorme alegría y agradecimiento a nuestro Dios, por haberse encarnado en Jesús, naciendo pobre y humilde, en el portal de Belén. ¡Que el niño de Belén nos encuentre a cada uno de nosotros pobres y humildes como él, intentando que el reino de Dios se haga realidad en nuestros corazones y en esta sociedad en la que nosotros vivimos! Pidámoslo así desde el pequeño Belén de nuestro corazón.

d.- Hermanos, esperad con paciencia hasta la venida del Señor. Fortaleced vuestros corazones porque la venida del Señor está cerca. El apóstol Santiago, el apóstol de la fe con obras, nos pide ahora que seamos pacientes, esperando la venida de nuestro Mesías, con la paciencia con la que el labrador aguarda el fruto precioso de la tierra. Alegres, pues, con esperanza y paciencia, esperemos también ahora nosotros la pronta venida de Jesús y preparemos nuestro corazón, ya desde ahora, con fe y con obras, para recibir como se merece al Niño del Portal.

Imagen relacionada