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Comentario a las lecturas del 27º Domingo del Tiempo Ordinario – 6 de octubre de 2019 – Año C

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Oración: reconocer a Dios en nuestra historia

1.- Introducción

La Biblia no dice que Abrahán haya entrado en un santuario para rezar, pero aun así es considerado no sólo como el padre de los creyentes, sino también el modelo del hombre que ora. Es necesario creer para orar, para creer uno necesita rezar. Toda su vida está marcada por la oración; comenzó a seguir a Dios sólo después de que oyó la palabra del Señor; dio pasos luego de recibir de su Dios una indicación sobre el camino. 

Su historia está marcada por un constante diálogo con el señor: “El Señor dijo a Abrán: Vete… Entonces Abrán partió” (Gén 12,1.4). “Abrán recibió en una visión la Palabra del Señor… Abrán contestó: Señor, ¿de qué me sirven tus dotes si soy estéril?” (Gen 15,1.2) “El Señor se apareció a Abrahán junto al encinar de Mambré” (Gen 18,1-3). “Dios puso a prueba a Abrahán… y Abrahán respondió: Aquí me tienes” (Gén 22,1). Este diálogo ha alimentado la fe de Abrahán; le preparó para aceptar la voluntad de Dios. Le hizo creer en su amor a pesar de las apariencias en lo contrario.

Muchos acontecimientos de nuestra vida son enigmáticos, incomprensibles, ilógicos y parecen dar la razón a quien duda si Dios está presente en nuestra vida y nos acompaña en nuestra historia. Es en estos momentos que nuestra fe se pone dura prueba y naturalmente clamamos y rogamos al Señor: “Escucha nuestra voz, atiende nuestro lamento”. Dios siempre escucha nuestra voz aunque es difícil para nosotros percibir su voz. ¡Haz que escuchemos tu voz, Señor! es la invocación que debemos dirigirle. Abre nuestros corazones, ayúdanos a renunciar a nuestros deseos, valores, planes y haz que aceptemos los tuyos. Esta es la fe que salva.

2.- Reflexión

a.- «El justo vivirá por la fe». La profecía de Habacuc plantea el eterno problema del sentido del mal en el mundo. Es el grito desesperado: «¿Hasta cuándo clamaré, Señor, sin que me escuches? El profeta contempla y sufre desgracias, trabajos, violencias, catástrofes, luchas y contiendas. ¿Dónde está Dios?, ¿Hay noticias suyas?, ¿Qué hemos de responder ante estos interrogantes? Dios es quien da la única respuesta posible: «El justo vivirá por la fe». Es la fe el don de Dios que Timoteo debe reavivar según Pablo. Creer es confiar es fiarse de Alguien, Jesús de Nazaret, que no puede defraudarte porque es garante de salvación. Recuerdo la famosa parábola brasileña de la huella en la arena. En los momentos felices hay dos pares de pisadas, pero cuando peor lo estaba pasando el protagonista sólo había un par: era la huella de Dios que te llevaba sobre sus brazos cuando tus fuerzas habían decaído.

b.- Una fe que no es comprometida no es auténtica. Es la hora urgente de ser consecuentes con las exigencias de nuestra fe. Lo recuerda Pablo en la Carta a Timoteo. No tenemos que tener miedo a dar razón de nuestra fe y dar la cara en los duros trabajos del evangelio. Quizá las situaciones difíciles y duras que se nos avecinan sean un acicate y una oportunidad para despertar nuestra fe adormecida. Cuando todo va bien políticamente decae el compromiso y la autenticidad. No vale lamentarse, tampoco sirve emprender una cruzada para recristianizar. Lo que hay que hacer es ser coherentes con nuestra fe. Entonces seremos fermentos en medio de la masa. Más claro no lo puede decir San Pablo a Timoteo: «no te avergüences de dar testimonio de nuestro Señor», «toma parte en los duros trabajos del Evangelio, según la fuerza de Dios», «vive con fe y amor en Cristo Jesús». «guarda este precioso depósito». Lo que nunca nos va a faltar es la ayuda del Espíritu Santo, «que habita en nosotros». Y todo ello realizado con humildad, pues podremos decir «que hemos hecho lo que teníamos que hacer».

c.- Fe es adhesión personal a Jesucristo. Con ella superaremos todo. Es lo que nos enseña el Evangelio de hoy y lo que nos dice la Madre Teresa de Calcuta en una preciosa oración: «¿La fuerza más potente del mundo?: La fe». El que tiene fe consigue el objetivo que se propone. Un pesimista no vale para trabajar en el Reino de Dios. Con la fe todo es posible, hasta arrancar moreras y plantarla en el mar. Que los tiempos son difíciles, lo sabemos. Pero tenemos que estar convencidos de que merece la pena seguir luchando por la implantación de la civilización del amor. Aunque pasemos penalidades nos daremos cuenta de que es posible un mundo nuevo si yo experimento la fuerza de saberme amado por Dios y transmito esta misma certeza a los que me rodean. Debemos vivir desde la fe en Jesucristo, no desde una vivencia puramente sociológica de la religión. En el nivel religioso representa una necesidad sicológica del hombre y el nivel de fe una adhesión incondicional a una persona. El nivel religioso busca un esquema de verdades que proporcionen una seguridad o tranquilidad al individuo, y el nivel de fe busca una vivencia espontánea y sin miedo al riesgo. El nivel religioso prefiere los mandamientos como programa, y el nivel de fe escoge las bienaventuranzas. El nivel religioso tiene por meta los actos de culto y para el nivel de fe la meta es la militancia comprometida. El nivel religioso representa el mantenimiento de la cultura establecida, y el nivel de fe representa la conciencia crítica de cualquier cultura. El nivel religioso se aproxima a la denominación actual de «cristiano-católico», y el nivel de fe a la de «cristiano-creyente».

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