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Comentario a las lecturas de la Solemnidad de la Santísima Trinidad – 7 de junio de 2020 – Año A

La “Santísima Trinidad” no aparece en la Biblia? Esto responde ...

1.- Introducción

No basta con creer en Dios, es importante verificar en qué Dios se cree. Los musulmanes profesan su fe en Alá, el creador del cielo y de la tierra, aquel que gobierna desde lo alto, que ha establecido prescripciones justas y prohibiciones santas y vigila para premiar a quienes las observan y castigar a los transgresores. No conciben que Dios se rebaje al nivel de los hombres y que pueda descender para encontrarse y dialogar con ellos. ¿Es éste el Dios en el que creemos?

En la tribu africana junto a la que he vivido, se invoca a Dios solamente en tiempo de sequía –se cree, de hecho, que la lluvia dependa de él– para otras necesidades se recurre a los ancestros. Ni siquiera se preguntan si Dios se interesa de las enfermedades, de las desgracias, de las cosechas de los campos, de los asuntos de los hombres. ¿Quizás es éste el Dios en el que creemos? 

A estos interrogantes, responderemos ciertamente que no, que no creemos en dioses semejantes; pero, hagamos la prueba de preguntarnos: ¿Qué imagen de Dios se oculta detrás de la convicción –todavía muy extendida– de que, en el día del juicio, el Señor valorará con severidad la vida de cada persona? ¿A quién suelen recurrir los cristianos en los momentos difíciles para impetrar favores? Reconozcámoslo: adoramos a un Dios que conserva muchas características de las divinidades paganas, susceptibles, severas, lejanas. 

La fiesta de hoy, introducida bastante tarde en el calendario litúrgico (solo hacia el año 1350), ofrece la oportunidad, a través de la reflexión sobre la Palabra de Dios, de purificar la imagen que nos hayamos hecho de Dios y descubrir rasgos nuevos y sorprendentes de su rostro.

2.- Reflexión

El domingo siguiente a la festividad de Pentecostés, acabado el tiempo pascual y como colofón del año litúrgico, la Iglesia celebra la solemnidad de la Santísima Trinidad, el misterio central de Dios, el meollo de nuestra fe. Es un misterio poco valorado por verlo como misterio incomprensible más que como misterio experimentable. La Trinidad es un misterio no para entender sino para aceptar y vivir.

A lo largo de la historia Dios nos ha ido revelando progresivamente su rostro. Se nos muestra como Padre-Madre, Hijo y Espíritu. Así lo podemos escuchar y meditar en las lecturas de este domingo. Dios desea compartir su vida. La primera lectura resalta la familiaridad de Dios para con Moisés: se quedó junto a él allí (Ex 34,5). La iniciativa del acercamiento parte de Dios y es el fundamento de la Alianza. Vemos también cómo Dios acompaña al pueblo en el largo caminar hacia la tierra prometida y el pueblo se siente acompañado (Ex 34,5), y esto ocurre inmediatamente después del episodio de la adoración al becerro de oro. Como queriendo contrastar la infidelidad del Pueblo y la fidelidad de Dios. También el salmo nos muestra a Dios compasivo y misericordioso, lento a la cólera y rico en clemencia (103,8). En la segunda lectura S. Pablo nos desvela el misterio de un Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo, mediante el saludo trinitario a la asamblea: la gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios y la comunión del Espíritu Santo estén siempre con todos vosotros (13,13). Y  el evangelio de hoy, es uno de los textos cumbres de la revelación bíblica: tanto amó Dios al mundo que entregó a su Unigénito, para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna (3,15). Dios nos ha dado el regalo más grande que pudiéramos soñar, darse, entregarse a sí mismo en la persona de Jesucristo. Pero no fue una entrega cualquiera, incluía entregarse hasta el extremo, hasta morir en la cruz. Y no podemos dejar de lado todos los acontecimientos salvíficos que proclamamos en el credo: la encarnación, la crucifixión y resurrección, los sacramentos que ha dejado a la iglesia.

Dios es un Dios cercano, no desentendido de la historia de la humanidad y menos de la Historia de la Iglesia. Dios es un Dios en comunión entre las tres personas y en comunión  con todos los hombres. Por Jesús ya sabemos quién y cómo es Dios. ¡Con qué cariño habla Jesús de su Padre en el Evangelio! Nos revela un Padre misericordioso y cercano, un Padre bueno que hace salir el sol sobre justos e injustos, que si cuida de los pájaros del cielo, si viste de los más variados colores y formas a las flores del campo, mucho más lo hace con todos los hombres (Cfr. Mt 6,25-32). Para retratar el corazón misericordioso de Dios Padre nos deja la mal llamada parábola del Hijo pródigo, que más bien debería llamarse la Parábola del Padre bueno, que siempre perdona y diariamente sale a nuestro encuentro, nos deja también la parábola del rey que celebra la boda de su hijo (Mt 22,1-14). Y la cercanía de Dios le lleva a convertirnos en templos, sagrarios suyos: El que me ama guardará mi palabra, y mi Padre lo amará, y vendremos a él y haremos morada en él (Jn 14,13), pero esta presencia de Dios en nosotros, no es la presencia que manifiesta en todas las criaturas, sino que es una presencia especial llena de amor y de gozo inefable. Y es ahí, en el centro del alma, donde debemos acostumbrarnos a buscar a Dios en las T11. La profesión de Fe en la Trinidad Santa | PIEDRAS VIVASsituaciones más diversas de la vida: en la calle, en el trabajo, en el deporte, mientras descansamos… Y no tenemos que pensar que ahí llegan sólo los grandes santos, sino que todo cristiano normal está, estamos llamados a vivir esta vocación en medio de nuestros quehaceres ordinarios: la madre de familia, el enfermo, el conductor de un autobús, etc. Decía santa Teresa de Jesús que también Dios anda entre los pucheros. Dios desea ardientemente darse a conocer de manera íntima y amorosa a quienes de verdad siguen tras las huellas de su Hijo.

Viviendo el misterio de la Trinidad, con las contrariedades e incluso a través de ellas, podemos entrar en la intimidad divina y conocer y amar la vida  divina de la que Dios nos hace partícipes.  La vida de la comunidad cristiana debiera ser un reflejo de la comunidad de vida de la Santísima Trinidad. San Pablo exhorta a los corintios: Tened un mismo sentir y vivid en paz, y el Dios del amor y de la paz estará con vosotros (2Cor 3,11).