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Comentario a las lecturas de la Epifanía del Señor – 6 de enero de 2020 – Año A

Brilla la estrella, luz para todos los pueblos

1.- Introducción

Tierra de paso, objeto de discordias, encrucijada de pueblos, culturas, razas, lenguas, Palestina ha sido invadida y ocupada, a turno, por los faraones de Egipto y los príncipes de Mesopotamia. 

El deseo de venganza contra estos opresores había sido cultivado por largo tiempo en Israel (cf. Sal 137,8-9). Sin embargo, la venganza y la represalia no entraban en los planes de Dios. Un profeta anónimo del siglo III a.C. revela, por el contrario, cuáles eran en realidad los sueños de Dios: “¡Un día los egipcios con los asirios darán culto a Dios. Aquel día Israel será mediador entre Egipto y Asiria; será una bendición en medio de la tierra porque el Señor Todopoderoso los bendice diciendo: ¡Bendito mi pueblo, Egipto, y la obra de mis manos, Asiria, y mi herencia, Israel!” (Is 19,23-25).

Una profecía sorprendente, inaudita, increíble: Israel está destinado a ser el mediador de la salvación para sus dos enemigos históricos, los asirios y los egipcios. 

Un siglo antes, otro profeta había anunciado: el Señor conducirá a todos los extranjeros a su monte santo y los colmará de la alegría de su casa (cf. Is 56,6-7). 

El sueño de Dios se realizó cuando surgió en Jacob, como el Señor había prometido (cf. Num 24,17), la estrella, Cristo el Señor. Su luz disipa las tinieblas creadas por odios ancestrales y convoca todas las gentes a formar una única familia. Es este el mensaje de esperanza de la Epifanía, la fiesta de la luz.

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2.- Reflexión

Celebramos hoy la solemnidad de la Epifanía; es decir, el hecho de que Dios se da a conocer a todos los hombres, sin excluir a nadie. Es la fiesta que popularmente conocemos como la fiesta de los Reyes Magos. Posiblemente el folclore montado en torno a esta fiesta nos impida escudriñar su profundo mensaje.

Mateo nos da la noticia escueta del nacimiento de Jesús: habiendo nacido Jesús en Belén de Juda en tiempos del rey Herodes (2,1), y a continuación nos relata la escena de los Magos. Este texto evangélico pertenece a los llamados Evangelios de la Infancia de Jesús. Bajo un lenguaje envuelto en leyenda, historia y reflexión, Mateo quiere mostrarnos la verdad profunda de este recién nacido, que desde el principio va a ser rechazado por unos y acogido por otros. Y quiere dejarnos también claro que el rechazo de los judíos a Jesús no va a ser cosa de los últimos momentos, sino que será una constante a lo largo de toda la historia humana, pero la última palabra no la tendrá el mal. Dios triunfará. Dios salvará al niño Jesús y por mucha oposición que encuentre en su vida, llevará a cabo su obra redentora. Este será el hilo conductor de todo el evangelio de Mateo.

Desde el principio, el nacimiento de Jesús provoca reacciones distintas. La primera reacción, positiva, la encontramos en los magos, paganos y extranjeros. Creyeron en el signo de la estrella y emprendieron un camino de búsqueda del Señor. Entre luces y sombras llegaron a Belén. Vienen de lejos, no tienen la Escritura, ni los profetas, ni la historia de tantas maravillas obradas por Dios a favor de Israel, pero tienen fe y persisten en la búsqueda del rey anunciado por la estrella. Como buscaron de verdad, Dios los encaminó y terminaron encontrando a quien buscaban y se llenaron de una inmensa alegría.

Contrasta profundamente con los magos la actitud de Herodes. Da orden de busca y captura. Intenta degollar a Jesús por miedo a que aquel recién nacido le destronara. Herodes ha pasado a la historia con el sobrenombre de el Grande, grande por la suntuosidad de sus construcciones y grande por la enormidad de sus crímenes, que ejecutó especialmente en el entorno familiar. Y por querer matar a Jesús, decreta la matanza de los inocentes (16-18). Y esta historia se viene repitiendo año tras año y siglo tras siglo. Son muchos los Herodes a quienes Dios les estorba, y la manera de defenderse es matando a todo aquel que pueda ser su testigo, porque la presencia y palabra de los testigos de Jesús, les recuerda el no te es lícito, por no querer reconocer la luz y la verdad que les trae Jesús.

Hay otra postura frente a Jesús: La de los sumos sacerdotes y escribas. Unos y otros lo conocen todo sobre el Mesías, indican a los magos dónde tiene que nacer, pero instalados en sus privilegios religiosos y sociales, no mueven un dedo para comprobar esta realidad. Se quedan con su conocimiento y en su comodidad. El mensaje de este relato nos advierte que la verdad de Dios no puede dejarnos instalados y satisfechos. No podemos conformamos con indicar a los demás el camino a seguir sin que movamos una paja para acompañarlos.

Estas actitudes nos tienen que hacer pensar. Los magos, paganos, reconocen y adoran al Niño; los judíos no lo reconocen e intentan matarlo; los maestros conocedores de la Palabra de Dios, en realidad no les interesa, viven de ella, pero sus intereses están muy por encima de querer encontrar al Mesías.

No creo que sean necesarias más reflexiones. Simplemente debiéramos tomar en nuestras manos el evangelio y preguntarnos seriamente: ¿no habremos perdido la dimensión de profundidad en nuestra vida? ¿preferimos buscar la luz o seguir caminando en tinieblas?  ¿nos reconocemos en el evangelio? ¿quién es Jesús para mí? ¿dónde lo busco? Sabiendo tantas cosas sobre Jesús, ¿mi actitud responde a la de los magos, a la de Herodes o la de sumos sacerdotes y escribas? Ante la actitud generosa de los magos, que le ofrecen dones muy valiosos, también podemos preguntarnos: ¿qué reservamos para ofrecerle al Señor? ¿Lo mejor que tenemos o lo último que nos queda?

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