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Católicos en la vida pública

  Lic. Arismendy Rodríguez (Abogado)

Hace unos días leí una nota de noticia en la que se decía que el senador católico Tim Kaine, quien además fuera candidato vicepresidencial por el partido demócrata en las últimas elecciones en Estados Unidos, votó a favor del aborto; también se declara a favor del matrimonio gay y de la ordenación de mujeres sacerdotes. Una clara contradicción con la doctrina y las enseñanzas de la moral católica.

Se pueden encontrar otros casos de personas del ámbito público (senadores, diputados, alcaldes, abogados, médicos, periodistas…) que se dicen llamar católicas pero con gran desparpajo apoyan públicamente cuestiones que atañen al ámbito moral y social que contradicen las directrices de la Iglesia.

¿Es posible ese desdoblamiento o doble vida? ¿Es permitido ser católicos en la misa de domingo y no católico en la oficina o ante las cámaras el lunes por la mañana? ¿Se relega el ser católico al ámbito de lo privado o personal mientras desaparece de mis actuaciones en el ámbito de lo público? ¿Es correcto llamarse católicos de la boca para fuera, mientras nuestros actos nos desdicen una y otra vez? ¿Existen cuestiones innegociables para los católicos que se dedican a la política? ¿Cuál es la diferencia que deben marcar los católicos en la vida pública o profesional?

En el 2016, José H. Gómez arzobispo de Los Ángeles, advertía que los creyentes católicos afrontan fuertes presiones para que mantengan su fe sólo para ellos y para que vivan como si su fe no tuviera influencia en cómo viven en la sociedad o en cómo cumplen sus deberes ciudadanos.

Las enseñanzas de la Iglesia sobre los temas más controvertidos en el ámbito social, como el aborto, eutanasia, control de la natalidad, matrimonio, ect. es bastante claro, radical y todo fiel católico está en el deber de acogerse a esas directrices, pues, se fundamentan en el mensaje cristiano de protección de la vida y la dignidad de la persona humana de lo cual la Iglesia se hace depositaria.

Muchos quieren acallar la voz profética de la Iglesia o menguar su autoridad moral para exponer su posición sobre los temas más arriba señalados, basándose en una mal entendida y manipulada separación Iglesia-Estado. Todos los católicos estamos compelidos a vivir en coherencia con nuestra fe en el ámbito público y privado, sin que se presuma que queremos imponer nuestra moral y religión a todos los demás.

En abril de 2008, en su visita a Estados Unidos, el Papa Benedicto XVI les dijo a los obispos estadounidenses que: “es necesario resistir a toda tendencia que considere la religión como un hecho privado. Sólo cuando la fe impregna cada aspecto de la vida, los cristianos se abren verdaderamente a la fuerza transformadora del Evangelio”.

Pidamos a Dios la fortaleza de vivir en coherencia con el mandato cristiano predicado por su Iglesia y podamos mantenernos firmes en su propósito salvífico, no obstante, los constantes ataques de un mundo cada vez más secularizado.