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Buscando en la Biblia: Orar por los difuntos

Resultado de imagen para oración por los fieles difuntos y la bibliaDesde la Iglesia Primitiva hasta nuestros días la Iglesia Católica ha enseñado que después de la muerte viene el juicio particular donde «cada uno recibe conforme a lo que hizo durante su vida mortal» (2 Corintios 5, 10). En este juicio (particular) se destina a cada persona a una de estas tres opciones: Cielo, Purgatorio o Infierno.

Los que mueren en gracia de Dios se salvan. Van directamente al cielo. Los que rechazan a Dios como Creador y a Jesús como Salvador se condenan. Ahora bien, ¿Qué sucede con aquellas personas que en vida hayan servido al Señor, pero al morir no estén aún plenamente purificados de sus pecados? Esas personas van al Purgatorio. El Purgatorio no es un estado definitivo sino temporal. Y van allá aquellos que al morir no están plenamente purificados de las impurezas del pecado, ya que, en el cielo no puede entrar nada manchado. «Nada impuro entrará en ella -en la Nueva Jerusalén». (Apocalipsis 21, 27).

Según nuestra fe católica, se pueden ofrecer oraciones, sacrificios y Misas por aquellos muertos que necesitan terminar de purificar su alma para entrar en la Gloria. Nosotros no sabemos a ciencia cierta quienes van directamente al Cielo o al Infierno, ni sabemos quienes se están purificando, porque no conocemos el interior de los demás, por eso oramos siempre por todos los que mueren.

Esta costumbre de orar por los muertos se remonta a muchos siglos antes de nacer Jesucristo. En el libro de Jeremías 34, 4 aparece la persona de Dios Padre comunicándole al rey Sedecías la forma en que moriría. Y a la vez diciéndole que al igual que a sus padres, por él se quemaría incienso, es decir, que oraría por él y se rezarían lamentaciones en su honor. En ese mismo libro de la Biblia en el capítulo 22,18 el Señor dice que en el entierro de Joaquim nadie orará ni se lamentará porque Joaquim había sido considerado como indigno de ser hijo de Dios. «Será enterrado como un burro, lo arrastrarán y lo tirarán fuera de las puertas de Jerusalén » (Jeremías. 22, 19). Es decir, que el entierro de aquellos por los que no se ora ni se recitan lamentaciones es similar al de un burro. Nuestros seres queridos no son animales, son hijos de Dios, como Sedecías, que merecen un poco de respeto y de dignidad. Mucho antes,  en la Biblia se demuestra que ya en el Antiguo Testamento, Israel oró por los difuntos. Así lo explica el Libro II de los Macabeos (12, 42-46), donde se dice que Judas Macabeo, después del combate oró por los combatientes muertos en la batalla para que fueran liberados de sus pecados. Dice así: «Y rezaron al Señor para que perdonara totalmente de sus pecados a los compañeros muertos». Y también en 2 Timoteo 1, 1-18, San Pablo dice refiriéndose a Onesíforo: «El Señor le conceda que alcance misericordia en aquel día».

En el Nuevo Testamento Jesús oró por su amigo Lázaro que había muerto y por otros difuntos. En Hechos 9, San Pedro oró por la discípula Tabita quien estaba muerta. A San Pablo en 2Timoteo 1, 16 lo encontramos orando por el difunto Onesíforo y por su familia. En las catacumbas o cementerios de los primeros cristianos, hay esculpidas oraciones como esta: «Oh Señor, que estás sentado a la derecha del Padre, recibe el alma de Nectario, Alejandro y Pompeyo y proporcionales algún alivio» (Tertuliano. Homilía a Filipo. No 4, año 160-222). Y añade «Cada día hacemos oblación por los difuntos».

El trece de agosto de 1917 en la cuarta aparición de la Virgen en Fátima se comunicó el mensaje que es considerado como La Terrible Noticia. La Virgen le dijo a los niños: «Recen, recen mucho y hagan sacrificio por los pecadores. Tienen que recordar que muchas almas se condenan porque no hay quien rece y haga sacrificios por ellas». El Papa Pío XII decía que esta frase era la que más le impresionaba del mensaje de Fátima y expresaba: «Misterio tremendo, que la salvación de muchas almas dependa de las oraciones y sacrificios que se hagan por los pecadores» (P. Eliécer Sálesman. Vidas de Santos. Apostolado Bíblico Católico. Colombia. 3ra Edición).

No sé quién prohibió el orar por los muertos, si usted lo llega a descubrir por favor avíseme. Pero, de todos modos, el día de mi muerte por favor, oren por la salvación de mi alma.

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Fuente: http://catolicoluchador.blogspot.com