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Ante el coronavirus ¿Ha huido la Iglesia?

Respuesta para el comentario del periodista Michel de Beras publicado en la columna de Adriano Miguel Tejada.

 

Distiguido Señor Adriano Miguel Tejada:

Ante todo un gran saludo. Que la paz de Dios y la salud puedan estar con los suyos en estos momentos tan difíciles para el país y para todo el mundo.

Mi intención es responder a un comentario de su columna titulado: “Las iglesias y el coronavirus” de fecha 20 de marzo del 2020. En él se critica las medidas asumidas por las iglesias ante la pandemia del coronavirus. Como católico responderé a ese comentario del periodista Michel de Beras del cual usted se hace eco. Me limitaré al texto expuesto, sin pensar en la bondad o malicia del comentario.

El artículo inicia con la premisa: “En las películas apocalípticas las iglesias están abiertas …”. En este caso no estamos frente a una película, estamos en la realidad. En la mayoría de las películas, el final es predecible, pues el arte cinematográfico está previamente concebido por un guion (Giulia Colaizzi, 2001). En lógica es imposible partir de una premisa como esta, para dar con una conclusión cierta.

En el comentario se cuestiona la utilidad de las iglesias y de los pastores en tiempos de crisis en contraste con los supermercados y los puestos de trabajo; pues parecería que las iglesias sólo son útiles en tiempos normales. Incluso lanza la interrogante del cierre permanente de las mismas. Para responder a esta cuestión debo acudir a una diferencia entre templo e iglesia. En nuestro caso, el templo está cerrado; pero la Iglesia no, porque la Iglesia es la realidad viva, y donde quiera que estén los creyentes, ahí está la Iglesia. Luego, en China e Italia, países más afectados, hasta los supermercados y lugares de trabajo han estado cerrados. Muchos negocios han estado implementando los famosos “delivery” que son muy conocidos en la cultura dominicana. Además, si el templo y los pastores no son necesarios por esta situación, tampoco lo serían las universidades, escuelas, profesores, cines, competencias deportivas, aeropuertos, atracciones artísticas, etc. Pues estos han sido cancelados por la misma razón.

Es una falta a la verdad decir que en EEUU no se ha dispuesto el cierre de las Iglesias, cuando el domingo 15 de marzo se tomó esa iniciativa, 5 días antes de la publicación de su artículo. Así mismo ha pasado en los países europeos. Aunque las Iglesias suelen tener espacios amplios, el cierre de los templos obedece a la intención de evitar la aglomeración de personas y crear contagios masivos. Para su conocimiento, en Francia, la Iglesia evangélica tuvo que pedir disculpa porque en una actividad masiva se contagiaron entre 500 y 800 fieles (Diario digital Infopico). Sería contrario a nuestras creencias que llaman a amar al prójimo (Mc 12,31; 1 Pedro 3,8; 1 Cor 10,24), el dar espacio al contagio de cantidades de fieles.

Decir que históricamente las Iglesias han celebrado actividades multitudinarias en tiempo de pandemia es una calumnia que no es fiel a la historia. Veamos dos casos. Primero, San Roque atendió a muchos de los enfermos de la peste negra, no congregó grandes multitudes, sino que los asistió en sus casas; pero cuando él contrajo la peste, tomó la decisión de aislarse para no contaminar a nadie más (https://es.gaudiumpress.org/). Segundo, Martín Lutero, del lado protestante, ante la peste negra dijo: “Evitaré lugares y personas donde mi presencia no sea necesaria para no contaminarme y, por lo tanto, infligir y contaminar a otros y así causar su muerte como resultado de mi negligencia” (Las obras de Lutero, Vol. 43, pág. 132).

Concluye su comentario diciendo: “La iglesia está para educar integralmente y sostener de primera mano a sus miembros, pero ha sido la primera que ha huido…”. No se debía esperar una conclusión lógica, cuando las premisas fueron erróneas, pues la Iglesia sigue sosteniendo a sus fieles; lo diferente es que ha cambiado el escenario de sustento, no es el templo, sino las casas.

El comunicado de la Conferencia del Episcopado Dominicano afirma en el no.1: “Los sacerdotes deben permanecer en sus respectivas parroquias, para garantizar el acompañamiento pastoral de sus fieles”. Un acompañamiento que no se limita a la simple asistencia digital, sino en todos los sentidos. Les doy ejemplos mundiales y nacionales. En España, las monjas de clausura comenzaron a confeccionar mascarillas para combatir la pandemia (abc.es); Tras cierre de iglesias, sacerdote ofrece confesiones a automovilistas en EEUU (infobae.com); Un párroco bendice con el Santísimo las calles vacías por el coronavirus (religionenlibertad.com). En República Dominicana, Pastoral Social y Cáritas, coordinan acciones con el gobierno para hacer digna la entrega de alimentos a las familias vulnerables que los sacerdotes han estado identificando. Incluso me dijo sacerdote con pena: “No pude ni entrar a beberme el café que siempre me brida esa familia”. Todos estos testimonios, agregando la cantidad de fieles laicos que están dando asistencia demuestran que la Iglesia no ha huido, está en otra parte.

Para terminar, reconozco que el templo está cerrado… pero  los 115, 352 hospitales dirigidos por la Iglesia están abiertos; los sacerdotes, religiosas y laicos dan asistencia espiritual y, con las debidas precauciones, física a sus fieles; demostrando que la Iglesia no ha huido… está en el campo de batalla.

Dándole mi bendición,

P. Santos Monción

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