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San Felipe Neri: Un centinela para los educadores y los humoristas

San Felipe Neri, conocido como el Tercer Apóstol de Roma, después de San Pedro y San Pablo, fue un sacerdote italiano conocido por fundar una sociedad de clero secular llamada la Congregación de Oratorio. Educado cuidadosamente, y recibió una enseñanza temprana de los frailes en San Marco, el famoso monasterio dominicano en Florencia. Es el Santo patrono de los educadores y humoristas.

Biografía de San Feli Neri

San Felipe Neri nació en Florencia, Italia, en 1515. Tenía algunos lazos familiares en la nobleza, pero su familia inmediata era bastante pobre.
En 1533, cuando era todavía un adolescente, Felipe se fue de casa para unirse a un tío cerca de Nápoles que dirigía un negocio muy próspero, pero no tenía heredero. Durante su estancia con su tío Felipe recibió la noticia en una visión que él tenía un apostolado en Roma, por lo que cortó toda relación familiar y se dirigió allí.
San Felipe escribió poesía y estudió teología y filosofía durante tres años. Cuando se cansó de aprendizaje, vendió todos sus libros y les dio el dinero a los pobres. Vivió durante un tiempo como un ermitaño en Roma.

El llamado al Sacerdocio

Cuando Felipe tenía treinta y seis años, se hizo evidente que tenía el llamado a ser sacerdote. A los 34 años todavía era un simple laico. Pero a su confesor le pareció que le haría un gran bien a la Iglesia si se ordenaba de sacerdote. Fue entonces, que decidió comenzar su ministerio para los demás.
En 1551 se ordena sacerdote por obediencia a su confesor, aunque él se sentía totalmente indigno

Dones extraordinarios

  • Él escuchaba confesiones por horas, y podría decirles a sus penitentes los pecados antes de que los confesaran. Se le atribuye haber resucitado al príncipe Paulo Máximo, para que confesase un pecado.
  • También tenía el don de conferir visiones. Él comenzó a trabajar con la juventud, buscaba siempre lugares seguros para que ellos pudiesen jugar y participar en sus vidas activamente con alegría y fe.
  • Felipe se destacó por su humildad, su popularidad y su disposición a aceptar a todas las personas que hacen un intento honesto de dedicar su vida a Dios, así como aquellos que sentían una intensa espiritualidad.
  • También, brilló por tener y un gran sentido del humor. A la sombra de los árboles hacía representar a los muchachos comedias para inspirar la virtud y la piedad. Era un verdadero “sembrador de alegría”.
  • Cuanto mayor crecía su fama de santidad más tonto quería parecer él, todo esto para lograr apagar el ego humano que habita en cada uno de nosotros.
  • En una oportunidad, cuando unos peregrinos vinieron de Polonia a ver el gran santo, lo encontraron escuchando a otro sacerdote leyéndole libros de chistes
  • Papa Gregorio XIV, que había escuchado las grandes virtudes que poseía este santo, trató de hacerlo cardenal, pero Felipe se negó rotundamente.

“Haced todo el ruido que queráis, que a mí lo único que me interesa es que no ofendáis a Nuestro Señor. Lo importante es que no pequéis. Lo demás no me disgusta”.

Su muerte

Fue intermitente aquejado de diversas enfermedades, todos las cuales fueron sanadas mediante la oración.

Pasó los últimos cinco años de su vida ofreciendo su ministerio al sacramento de la reconciliación con el pueblo de Roma y a la dirección espiritual desde su pequeña habitación.

Cardenales, obispos, sacerdotes, monjas, obreros, estudiantes, ricos y pobres, jóvenes y viejos, todos querían pedirle un sabio consejo y volvían a sus casas llenos de paz y de deseos de ser mejores. Se dice que toda Roma pasó por su habitación.
Murió a la edad de ochenta años en 1595. Fue proclamado santo por el Papa Gregorio XV en 1622

Oración a San Felipe Neri

San Felipe Neri, nosotros tomamos a nosotros mismos demasiado en serio la mayor parte del tiempo.
Ayúdanos a añadir humor a nuestra perspectiva de vida, recordando siempre que el humor es un don de Dios.
Por el mismo Jesucristo, Nuestro Señor.
Amén.

San Felipe Neri, ruega por nosotros

“Quien quiera algo que no sea Cristo, no sabe lo que quiere. Quien pida algo que no sea Cristo, no sabe lo que pide. Quien no trabaje por Cristo, no sabe lo que hace” (San Felipe Neri)