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7 Consejos para salir de la rutina en la homilía y predicación

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Formas De Escapar de la rutina de las homilías y las predicaciones diarias y semanales

Es momento de predicar, pero te sientes desplomado cuando llega la liturgia dominical. No, no estás escondiendo ninguna situación que te haga sentir así. No estás espiritualmente seco o cerca del agotamiento espiritual. Simplemente no puedes recordar la última vez que tuviste un domingo «libre» sin tener que predicar. Como resultado, usted siente que está diciendo lo mismo de la misma manera semana tras semana.

Tus ilustraciones están cansadas. Tus bromas están secas. Sus aplicaciones son tan útiles como un traje de baño en una tormenta de nieve. Tu homilía y tu predicación se ha vuelto obsoleta.

Pero, ¿sabes qué? Sucede. Le pasa a todo heraldo fiel que se para frente a un ambón día tras día o semana tras semana.

Cada domingo uno puede experimentar el choque de dos emociones simultáneamente: La satisfacción de haber predicado y el estrés de tener que hacerlo todo de nuevo la próxima semana.

Para tu consuelo, los grandes santos predicadores han experimentado lo que se siente al levantarse el lunes por la mañana y quieren hacer otra cosa que no sea preparar otro sermón, especialmente cuando sientes que estás en una rutina de la que no puedes salir.

La homilía y la predicación exigen esfuerzo, drenan energía y distraen la atención de otras cosas que también importan, pero que exigen menos.

Centinela de la fe te expone algunas pautas para ayudar a los sacerdotes, diáconos, religiosas, presidentes de asambleas y predicadores laicos en la tarea de predicar.  Aquí hay siete sugerencias que no tienen ningún orden en particular :

1. Tómate un tiempo libre

Tal vez sólo necesites una semana libre para preparar una serie de homilías. Necesitas un descanso para refrescar tu corazón y tu mente. Sé que no siempre es fácil, pero averígualo. Un idea interesante sería tomar una semana antes de los tiempos fuertes de la Iglesia de Adviento y Cuaresma para preparar toda la predicación de todos los domingos con un tema como hilo conductor. A mí me ha funcionado esta técnica.

2. Escoja una de sus herramientas para desarrollar su predicación

Exégesis, humor, ilustración y aplicación estas son herramientas que usamos para construir homilías y transmitir la Palabra de Dios. Una manera de refrescar su homilía es elegir una de estas herramientas para desarrollarla intencionalmente. Piense en ello, concéntrese en ello y trate de mejorar el uso de estas herramientas cada semana. No todas deben estar presente en una homilía, basta con una sola.

3. Escuche a los predicadores fuera de su estilo y corriente

Tenemos la bendición de vivir en un período de tiempo en el que tenemos acceso a una riqueza de predicaciones asombrosas, hay varias opciones de homilía y comentarios en páginas web, aquí en Centinela de la Palabra por ejemplo. Como sugerencia es bueno escoger un predicador que pueda estar fuera de su estilo para crear un contraste entre su estilo y el elegido. Pero aunque utilice estos subsidios, es bueno saber que toda homilía y predicación deben estar unida a la historia y realidad del pueblo a quien se le predica, por lo cual, estos recursos siempre serán subsidios para preparar su homilía.

4. Prepárate con un equipo

Realizar algunos encuentros con sacerdotes, diáconos y laicos para estudiar los textos es un opción que siempre me ha funcionado. Es recomendable el uso de la Lectio Divina. Juntos se les ocurrirán esquemas, ilustraciones y aplicaciones que nunca se te ocurrirían por sí solo. Recuerda en todo camino, hasta en la predicación, la fraternidad es la mejor compañera.

5. Lea comentarios bíblicos

Familiarícese con comentarios bíblicos. Invierta en buenos comentarios bíblicos, la homilía y la predicación exige inversión de tiempo y de recursos. Además es bueno leer historia de santos, ya que seremos ilustrados con el ejemplo de sus luchas, humillaciones y por los éxitos que Dios les permitió. Leer las historias de estos hombres que Dios ha usado de maneras poderosas me inspira a trabajar más duro y a buscar más de la Palabra de Dios.

6. Tomar un retiro para la oración y la meditación de la palabra

Una de las cosas más refrescantes para mí personalmente es un día a solas con Jesús y un cuarto para caminar, escuchar música, cantar y preparar mi homilía. En esta situación tomo el texto y lo leo lentamente, deteniéndome a menudo para meditar, orar y reflexionar.

En estos días estuve cansado con mi tesis de Teología Bíblica, había comenzado con mucho entusiasmo, pero ahora sentía que no avanzaba. Le comenté a una compañera de estudio y me dijo déjala, suéltala, descansa, toma tiempo. Después de ese descanso, tomé el curso de la misma con nuevas ideas y más entusiasmo.

Por eso encuentra un lugar, limpia tu calendario, apaga tu teléfono celular y ponte en contacto con Dios.

7. Comparte más con el verdadero Autor

Recuerda que eres instrumento, las palabras que comunicas no son tuyas, son de Dios, por eso lo mejor escucharle a Él y hablar con Él. Es la mejor manera de animarte, empujarte y extenderte para que salgas de lo seco y entres en algo nuevo y fresco.

La homilía, al igual que la predicación, son un gran llamado y un gran privilegio. Es difícil y agotador, pero no te rindas y no te desanimes.

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