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II Domingo del Tiempo Ordinario

Después de Navidad, regresemos a la carretera del tiempo Ordinario. El objetivo es ser feliz, pero ¿Cómo? Aquí las lecturas nos llevan de la mano y nos muestran el camino.

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  1. “Habla, Señor, porque tu siervo te está escuchando”. (1 Sam 3,3-10.19).

La primera lectura está tomada del libro de Samuel. Es parte de los libros, a los que llamamos históricos (Josué, Jueces, Samuel, Reyes). No son libros de historia, no tratan de reconstruir los hechos con precisión, el autor no es un reportero gráfico, sino un profeta que busca el significado del evento. Intenta descubrir qué palabra de Dios está contenida en ese evento. Debemos aprender de ellos para continuar captando el significado de nuestra historia.

El protagonista es la confianza en Dios. Samuel es el hijo de Anna, quien, siendo estéril, está angustiada. Tienes que pensar que no había pensiones, ningún seguro de vida, el niño era la única forma de seguro para la vejez. La intervención extraordinaria de Dios permite a Anna que tener a Samuel, que se considera un don gratuito de Dios, que invierte las situaciones de injusticia. En un momento en que Dios parece ausente, Samuel se convertirá en el punto de unión entre Dios y su pueblo. El texto se abre con un contraste entre el viejo Eli, el sacerdote ahora casi ciego y el joven Samuel, que duerme en el arca del Señor, la luz sigue encendida. Samuel ha vivido durante mucho tiempo en el santuario, teóricamente sabe mucho de Dios, pero aún no ha tenido experiencia de él ¿Qué significa eso? Significa hacer experiencia Imagen relacionadadirecta. Samuel es llamado en su sueño por su propio nombre. Se levanta tres veces y se dirige a Eli, ¡la única persona que lo puede haber llamado! La tercera vez, Eli, viejo, ciego y cansado, le sugiere a Samuel que el Señor lo está llamando. • ¿Era rara la palabra del Señor en aquellos días? y Samuel no lo había experimentado, pero está listo y disponible. Eli guía a Samuel a relacionarse con Dios: “Habla, Señor, porque tu siervo te está escuchando”. El joven se orienta hacia el nuevo Maestro. Samuel adquirió autoridad porque el Señor estaba con él, y ninguna de sus palabras quedó en blanco.

Lo que he aprendido es que cada uno de nosotros necesita un maestro humano; la palabra de Dios, la experiencia de Dios pasa a través de una persona como nosotros, pero entonces debe abandonar el apoyo humano, de lo contrario, es como si estuviéramos obligados a permanecer unidos a los polos opuestos, nunca vamos a llegar a la meta si estamos apegados a un poste. Lo que es muy importante después de tener una experiencia de contacto con el Señor es saber que él siempre está con nosotros. El Señor nunca nos deja, es muy agradable, servicial y gran alegría y la fecundidad, compartir con él cada momento de nuestras vidas. El secreto de la palabra de hoy es la confianza.

  1. Llamada de los primeros discípulos. (Juan 1,35-42)

La lectura del Evangelio de Juan nos muestra cómo ir al encuentro del Señor. Juan escribió el Evangelio ya tarde, y nos recuerda cómo le ocurrió a él el encuentro con Jesús. Su primer maestro fue Juan el Bautista, estaban con él y Andrés, hermano de Simón. Jesús Pasa y Juan lo mira, actitud de todo centinela, desde su puesto de observación, mirando en la distancia la profundidad del Señor. Es en una palabra un movimiento perpetuo de amor. Juan Bautista da testimonio de Jesús como “el Cordero de Dios que quita los pecados del mundo”. Resultado de imagen para ahi viene el cordero de Dios que quita

La mirada penetrante y el anuncio profético de Juan provocan una repentina tensión de escena: “¿estos dos discípulos, al oírlo hablar así, siguieron a Jesús?”, Ellos tampoco están atados y fijados al primer maestro. El enfoque cambia de Juan a Jesús, que sin duda se da cuenta de que lo siguen, de hecho, el texto dice: “se volvió”, Aunque desconocido, muestra la disponibilidad y el deseo de tener un diálogo. Sí, porque Jesús camina, pero no por casualidad o preocupado en sus pensamientos, como solemos hacer nosotros. Su reacción sugiere que él tiene el control de lo que está sucediendo a su alrededor, de lo contrario no habría sentido la necesidad de detenerse y mirar hacia atrás. Jesús no está distraído o ausente, está atento a lo que sucede a su alrededor.

Esto en mi opinión ya es una enseñanza muy útil. ¡Ten cuidado! Muchas veces, por temor a estar involucrados, pretendemos que no pasó nada. Tememos que nos miren a los ojos y quizás tengamos que responder algunas preguntas, o no conocemos las intenciones de los demás y les tenemos miedo. Date la vuelta, significa aceptar comunicarse. En mi opinión, hoy la comunicación es una gran dificultad: ¿seré comprendido, aceptado, malentendido o criticado? El encuentro con el otro provoca conflictos, juicios, ¿de dónde viene? ¡No es nuestro! Dar la vuelta, sin embargo, está aprovechando una oportunidad, que quizás no se repita.

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Los dos discípulos del Bautista están mirando y la vuelta de Jesús es una respuesta a su inquietud. ¿Qué están buscando? Escuchamos la pregunta dirigida a nosotros: ¿Qué estás buscando? ¿Qué esperas de mí? ¿Por qué me estás buscando? A menudo nos engañamos a nosotros mismos, o buscamos a alguien que pueda resolver los problemas en nuestro camino. En cambio, los dos responden con otra pregunta: “Rabino-Maestro, ¿dónde vives?” Se ofrecen a sí mismos, dan su ser en manos del Maestro. “Vengan y vean”, la invitación es tocar la realidad. No es solo una curiosidad, es percibir el secreto de la vida. ¿Entonces los discípulos fueron? es necesario tener el coraje para enfrentar el nuevo entorno. Esto es ser hacer experiencia de Jesús, Jesús pudo darle una gran respuesta teológica, más los invitó a vivir y a experimentar con Él.

¿Se quedaron con él ese día? permanecieron en el movimiento de amor que el Hijo Jesús tiene para con el Padre. El momento fue muy bueno, porque Juan recordó el momento en que sucedió: “Eran las cuatro de la tarde”.  Los fuertes momentos de amor son recordados.

Centinelas, ¿qué nos hace levantarnos por la mañana? ¿Qué nos impulsa a entablar relaciones con los demás? ¿Qué nos hace estudiar, orar, trabajar o jugar? ¿Qué buscamos todos? Estamos buscando una vida plena, incluso sin saber que solamente esta está en Él, que es la Vida de nuestra vida, la Fuerza de nuestro ardor, la Alegría de nuestra felicidad. Dios pasa a través de las criaturas, sólo para que otros seres humanos podemos adivinar el camino, sin embargo, necesariamente, tendremos que abandonar el guía tranquilizador para encontrar la vida que nos pertenece.

Nos habíamos cuestionados por nuestro objetivo al inicio de esta reflexión, Aquí está la respuesta: nuestro objetivo es Jesús para encarnarnos a la vida del Padre.